Horror en Rosario: la secuestraron dos semanas y su ex la desfiguró con ácido. Lucha por su vida.
Una mujer de 36 años está internada en el HECA de Rosario con quemaduras graves en la espalda, brazos y piernas. Estuvo secuestrada dos semanas antes de ser atacada con ácido por su expareja.
Un calvario de dos semanas terminó de la peor manera para una mujer de 36 años en Rosario. Después de estar retenida contra su voluntad, su expareja la atacó brutalmente con ácido, dejándola con quemaduras gravísimas. La víctima, cuyo nombre no trascendió, pelea ahora por su recuperación en el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (HECA).
La agresión habría ocurrido hace unas dos semanas, pero la mujer recién pudo pedir auxilio el viernes pasado. El domingo, ingresó al HECA con lesiones severas en la espalda, brazos y piernas. Según Andrea Becherucci, directora del hospital, la paciente está estable y fuera de peligro, pero el 10% de su cuerpo tiene quemaduras profundas que podrían requerir injertos, complicadas por el tiempo sin atención.
Al principio, se rumoreó que el atacante era parte de la fuerza policial, pero el Ministerio de Seguridad salió a desmentirlo rápido. Por ahora, no hay datos oficiales ni de la identidad del agresor ni del lugar donde la tuvieron secuestrada. La investigación busca esclarecer este horroroso hecho.
Este caso nos trae a la memoria otro similar y desgarrador ocurrido hace poco en Córdoba. Pamela Cano, también víctima de su expareja, fue rociada con ácido después de querer terminar la relación. Su agresor, Leonardo Miguel Galván de 46 años, no solo la atacó así, sino que antes le prendió fuego la casa.
Galván fue detenido en la casa de su padre, luego de que la policía cordobesa se pusiera las pilas para dar con él. Tenía un pedido de captura activo y hasta una prohibición para salir del país. Un verdadero quilombo que muestra la saña con la que actuó este tipo.
Pamela sufrió quemaduras en la cara, el tórax y el abdomen. La llevaron de urgencia al Hospital Príncipe de Asturias y luego al Instituto del Quemado. Lo más triste es que ella venía sufriendo violencia de género por años, pero al momento del ataque no tenía ni botón antipánico ni perimetral que la protegiera.
Ambos casos, el de Rosario y el de Córdoba, nos pegan fuerte y nos recuerdan la cruda realidad de la violencia machista en nuestro país. Son historias que duelen y que exigen justicia para que ninguna mujer más tenga que vivir este infierno.