Golpe Duro para "Robert", el Narco que Decía que lo Confundieron: La Corte Confirmó su Condena
La Justicia le bajó el pulgar a Roberto Monzón, uno de los cerebros narcos de Rosario. La Corte Suprema le confirmó la condena de 8 años, desarmando su coartada.
Es que Monzón había apelado, insistiendo en que las escuchas telefónicas que lo complicaban eran de otro "Carlos Alberto Monzón", con el que supuestamente no tenía nada que ver. Pero los jueces de la Corte, Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti, le dijeron que no. Las conversaciones lo ubicaban en contacto con un policía y lo señalaban como "Robert", el que manejaba la plata, el stock y el control de uno de los búnkeres de venta de droga.
Este caso fue un verdadero quilombo, destapó una red zarpada con ramificaciones familiares y logísticas. En 2021, la Justicia ya había condenado a 20 personas, con penas de hasta 13 años, por integrar cinco organizaciones dedicadas al comercio de estupefacientes. Una estructura compleja, con varios líderes coordinados.
La investigación arrancó con un dato de la Policía Federal. Empezaron a seguir el rastro de un tipo que le vendía droga a otro ya conocido. Así llegaron a las hermanas Moreira, que vendían al menudeo. De ahí, el ovillo se fue desenredando y aparecieron los peces gordos: Eduardo Luciano Maldonado, Claudio Benítez y Maximiliano Monachesi, cada uno con su banda, pero todos conectados.
Y en el medio de todo ese entramado, apareció Monzón. Él era el nexo clave, el que recibía los cargamentos grandes de droga que venían de Buenos Aires con Arnaldo Duré Flores, y después se encargaba de distribuirle a Maldonado, Benítez y Monachesi. Un rol fundamental para que la rueda del negocio narco siguiera girando en la ciudad.
Las tareas de inteligencia fueron clave, permitiendo incluso interceptar un cargamento de 104 ladrillos de marihuana. Todo eso sirvió para armar el rompecabezas y demostrar cómo estas cinco organizaciones, aunque con cierta autonomía, funcionaban como una única red troncal, con Monzón en un puesto de mucha confianza.
Para los jueces, "Robert" no era un perejil. Tenía un búnker bajo su mando, manejaba toda la logística de provisión y controlaba el día a día, siempre en sintonía con los otros capos. Su vínculo con un cana y las escuchas telefónicas lo dejaron expuesto como una pieza central.
Así que, para "Robert", se acabó el cuento. La decisión de la Corte Suprema le puso el punto final a todas sus apelaciones. La condena de ocho años quedó firme y no hay vuelta atrás. En Rosario, la Justicia le dio un golpe más al narcotráfico.