La vigencia de Rachel Ruysch: arte, ciencia y la búsqueda de lo inmortal en la pintura floral
Rachel Ruysch, pintora holandesa, pegó el Gordo dos veces y demostró que el arte y la fortuna pueden ir de la mano. ¡Mirá cómo esta genia del pincel desafió al tiempo y a la naturaleza!
¡Che, vos! ¿Te imaginás ganarte la lotería? ¡Un golazo! ¿Y si te la ganás DOS VECES? ¡Zarpado! A Rachel Ruysch, una pintora holandesa del siglo XVIII, le pasó. ¡Y no se guardó nada! La mina se dedicó al arte y la rompió toda.
Ruysch, que nació en 1664, era una genia pintando flores. ¡Un talento bárbaro! Pero además, la suerte la acompañó. En 1713 y 1723, ¡ganó la lotería! El segundo premio, dicen, le dio tanta guita que podía dejar de laburar. ¡Y casi lo hace!
Pero la vocación pudo más. Después de unos años de relax, Rachel agarró los pinceles de nuevo. Y siguió pintando hasta los 86 años. ¡Una bocha! La mina era tan grosa que hasta le escribieron poemas. Decían que su arte era como un truco de magia, ¡capaz de ganarle al tiempo!
Ahora, en el Museo de Arte de Toledo, le están haciendo un homenaje. Una muestra con todos sus cuadros, ¡llenos de flores, colores y bichos! Pero la cosa no es solo linda. La muestra te hace pensar: ¿qué es natural y qué es artificial? ¿Dónde está el límite entre el arte y la ciencia? ¡Queda picando!
Ruysch venía de una familia de capos. Su abuelo era arquitecto y su viejo, profesor de anatomía. ¡Un groso! Coleccionaba animales y plantas raras y hasta inventó una técnica para embalsamar cadáveres. ¡Imaginate el ambiente en esa casa!
En esa época, los científicos y los artistas estaban re metidos con el tema de la reproducción. Algunos creían en la "generación espontánea", la idea de que los bichos salían de la nada, del barro y la humedad. Ruysch pintó cuadros inspirados en esa idea, como uno de un sapo de Surinam que parecía que no necesitaba macho para reproducirse. ¡Una locura!
Rachel también tuvo una hermana, Anna, que también pintaba. Pero después de casarse, dejó el arte. Rachel, en cambio, se casó, tuvo 10 hijos (¡casi todos seguidos!) y siguió pintando. ¡Una verdadera laburante!
En 1701, fue la primera mujer en entrar al gremio de artistas de La Haya. ¡Un logro! Y después, fue nombrada pintora de la corte de un duque alemán. ¡Se puso las pilas y la rompió toda!
Sus cuadros son una fiesta de flores. De todos los colores y formas. Parece todo natural, pero está todo pensado al detalle. ¡Una mezcla de talento y laburo! En algunas pinturas, hasta pegaba alas de mariposa de verdad. ¡Imaginate el nivel de detalle!
El arte, a veces, parece una pavada. Pero tiene algo que te atrapa, te hace pensar, te hace sentir. Como dijo un escritor: "Realmente, esto es todo lo que tenemos, ese impulso, ese afán de la vida por perpetuarse; todo lo demás debe surgir de aquí". ¡A ponerle garra, che!