La interminable disputa millonaria por obras de arte dañadas suma un nuevo capítulo
Un coleccionista y sus aseguradoras se pelean por la guita, después de que un incendio afectara varias obras de arte. ¿Se puede calcular el valor sentimental? ¡Tremendo quilombo!
¡Che, qué quilombo se armó en el mundo del arte, loco! Resulta que el coleccionista Ronald Perelman se agarró con sus aseguradoras por una suma millonaria. ¿El motivo? Un incendio en su mansión allá por el 2018 que, si bien no destruyó las obras, las habría dañado... ¡en el "alma"!
Según Perelman, el humo y el agua de los bomberos le sacaron el "oomph", el "atractivo de mercado" a cinco cuadros de artistas reconocidos como Cy Twombly, Ed Ruscha y Andy Warhol. ¡Imaginate vos, después de semejante susto!
Pero acá viene lo bueno. Las aseguradoras, representadas por los capos de Lloyd’s de Londres, dicen: "¡Pará la moto! ¡No hay daños visibles! ¡Y encima el tipo intentó venderlas de callado!". Ahí quedó picando la pregunta del millón: ¿Cómo carajo se mide la pérdida estética? ¿Cuánto vale ese "algo" que hace que un cuadro valga una fortuna?
Para defender su postura, Perelman contrató a una científica, Jennifer Mass, que dijo que podría haber una degradación química invisible que acortaría la "vida útil" de la pintura. ¡Zarpado! Algo que no se ve, pero que te puede arruinar la inversión. ¡Para volverse loco!
Y mirá vos, este tema no es nuevo. Ya en los "90 en Ámsterdam se discutió si un restaurador había arruinado un cuadro por repintarlo demasiado. ¡Y ni hablar del Salvator Mundi, que se vendió por una fortuna con dudas sobre si era posta de Leonardo Da Vinci!
El tiempo, la guita, los abogados... todo influye en cómo se percibe el valor de una obra. Como dijo el restaurador Simon Gillespie: "Es más fácil decir que no". ¡Y así están, con más de 1500 escritos judiciales! Encima, se supo que Perelman tuvo que vender 70 obras por un problema con el banco. ¡Un verdadero papelón!
La cosa es así: los tasadores tienen que ponerle precio a la obra en el momento del daño, pero si el mercado cambia, ¡agarrate Catalina! Todo puede volver a discutirse. ¡Un verdadero parqué bursátil pero más lento y costoso!
Así que ya sabés, la próxima vez que veas un cuadro, pensá en todo lo que hay detrás. ¡No es solo pintura, es un negocio zarpado!