¿La facu como fábrica? Un libro denuncia cómo el mercado maneja las universidades y pone en jaque la educación.
Un libro pone el dedo en la llaga: ¿se está transformando la universidad en una empresa? Precarización, alumnos como clientes y la búsqueda de guita a toda costa. ¿Hay salida?
¿Te imaginás la facultad convertida en una fábrica? Un lugar donde lo importante no es aprender, sino producir "capital humano" para las empresas. Suena a ciencia ficción, pero según Carlos Hoevel, doctor en Ciencia Política, es lo que está pasando en las universidades de todo el mundo.
En su libro "La industria académica: la universidad bajo el imperio de la tecnocracia global", Hoevel denuncia cómo las lógicas del mercado están invadiendo las casas de estudio, priorizando la plata y la eficiencia por sobre la formación integral de los estudiantes y la investigación.
¿El resultado? Profesores precarizados, alumnos tratados como clientes, carreras orientadas a la "empleabilidad" en lugar del conocimiento general y un avance de la tecnología que prioriza la didáctica sobre los contenidos.
"La lógica mercantil invadió a los actores. El aire familiar que abrigaba la vida académica está herido de muerte", dice el autor. Y no le falta razón. Cada vez hay menos profesores de planta y más laburando por hora, mientras que los espacios de estudio y reflexión se achican para darle lugar a actividades recreativas y "áreas de bienestar" (ponele).
Según Hoevel, el problema no es la relación entre la universidad y el mundo laboral, sino la obsesión por convertirla en una mera proveedora de "insumos científicos" para la economía. Como si la educación fuera solo un negocio.
Para encontrar respuestas, el autor entrevistó a especialistas de todo el mundo. Y aunque no te voy a spoilear el final, te adelanto que la solución no pasa por volver a una universidad elitista y alejada de la realidad, sino por "fortalecer el código genético de la universidad, la búsqueda de la verdad en sí misma".
Enrique Aguilar, doctor en Ciencia Política, lo resumió así: "La libertad académica es o debería ser una garantía para poder cumplir con los objetivos de la universidad". ¿Pero cómo lograrlo cuando las reglas del juego están dictadas por la "tecnocracia global"?
La propuesta de Hoevel es clara: hay que defender la universidad como un espacio de encuentro intergeneracional dedicado a la transmisión, la creación y la multiplicación del conocimiento. Un lugar donde aprender sea más importante que facturar.
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