El caso de Facundo Moyano volvió a poner bajo la lupa la causa que golpeó al cirujano sanjuanino Fabián Peláez
La escena que rodeó a la pareja de Facundo Moyano hizo acordar, de entrada, al episodio que terminó con Fabián Peláez detenido en 2025. Pero la historia judicial de uno y otro caso tomó rumbos distintos.

La detención de Facundo Moyano, después de que su pareja apareciera caminando semidesnuda y presuntamente bajo los efectos de sustancias en Belgrano, hizo volver a la memoria un caso que tuvo fuerte repercusión nacional y que tuvo como protagonista al cirujano sanjuanino Fabián Peláez.
En enero de 2025, la entonces pareja del médico se arrojó desde el primer piso de un departamento en Palermo. Al principio, la mujer denunció ante la Policía que había sido drogada y obligada a prostituirse.
Esa acusación llevó a la detención de Peláez y abrió una investigación que incluso miró la posible existencia de un delito ligado a la trata de personas. Con el correr de la causa, el panorama cambió.
La joven modificó su declaración y el propio cirujano dijo que esa noche ambos habían consumido alcohol y drogas, y que ella había sufrido un brote psicótico. Después de distintas medidas, la Justicia entendió que no había elementos para sostener las acusaciones iniciales y el profesional recuperó la libertad tras diez días preso.
El expediente que hoy involucra al dirigente sindical también arrancó con una escena que impactó fuerte. Candela Arizaga fue encontrada deambulando por la vía pública con poca ropa y lesiones visibles, y eso activó un operativo policial y el allanamiento del departamento de Moyano.
Más tarde, la joven declaró que no había sido víctima de violencia de género ni había estado privada de su libertad. Mientras tanto, la causa sigue bajo la órbita del fiscal Julián Pistone, que ordenó analizar cámaras de seguridad, tomar testimonios y hacer pericias complementarias.
Las primeras imágenes hicieron pensar en un caso calcado, pero los expedientes van por carriles distintos. Uno ya terminó con la libertad de Peláez; el otro sigue abierto y todavía tiene que hablar la Justicia. Y en estas historias, la primera impresión suele gritar más fuerte que la prueba.
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