La ropa importada pega fuerte y la textil argentina sigue en caída libre
El sector atraviesa una crisis brava: menos producción, más mercadería del exterior y miles de puestos que se perdieron en el camino. Entre enero y mayo entraron toneladas de indumentaria, mientras las plantas locales siguen frenadas.
La industria textil argentina está pasando uno de sus peores tramos y no hay maquillaje que alcance para tapar la foto. Es el rubro que anotó la caída más pesada dentro de la economía, con fábricas que bajan la persiana, otras que se achican como pueden y algunas que apenas aguantan el tirón. Nombres con historia como Amesud e Hilado ya abrieron concursos preventivos de crisis, en un panorama que preocupa de punta a punta.
Marco Meloni, vicepresidente de la Fundación ProTejer y de Industriales Pymes Argentinos (IPA), dejó un dato que golpea de lleno: "En enero, la industria textil trabajó al 23% de su capacidad productiva, fue el peor enero de la historia". En abril, el uso de la capacidad apenas llegó al 42,4%. Desde el sector remarcaron que más de 6 de cada 10 máquinas siguen paradas, una postal que habla por sí sola. Y si se mira el primer trimestre de 2026 contra el de 2023, la actividad textil cae 32,3%.
El golpe también se siente en el empleo, y fuerte. El informe marcó que la caída en textil, confecciones, cuero y calzado llega al -20%, incluso por encima de la construcción. Además, desde diciembre de 2023 hasta marzo de 2026 cerraron 874 fábricas y se perdieron 24.097 puestos de trabajo. En otras palabras, el daño no es abstracto: está en cada taller que cerró y en cada familia que se quedó sin laburo.
La presión de la ropa importada también mete ruido en supermercados y shoppings. Entre enero y abril de 2026, las ventas reales en supermercados bajaron 7,5%, pero la ropa dentro de esos canales mostró una suba del 3,5% interanual y del 25,5% frente a 2023. En los shoppings, en cambio, el panorama fue más áspero: las ventas totales reales cayeron 14,6% interanual y la indumentaria, prendas y marroquinería retrocedieron 4% respecto de 2025. Frente a 2023, la baja fue de 1,6%.
Donde el número asusta de verdad es en las importaciones. Entre enero y mayo de 2026, la entrada de indumentaria subió 73% y la de confecciones trepó 45% frente al mismo período de 2025. En el mismo lapso, cayeron 32% los tejidos de punto, 40% las materias primas, 51% los hilados y 52% los tejidos planos. Y la comparación histórica termina de encender todas las alarmas: de 7.801 toneladas en 2022 se pasó a 26.651 toneladas en 2026, un salto del 268%. Para la industria local, el panorama está cada vez más cuesta arriba.