La frontera entre Argentina y Chile mete presión en el ranking mundial y pasa por San Juan
Con 5.308 kilómetros de extensión, el límite entre ambos países quedó tercero entre las fronteras terrestres más largas del planeta. El tramo cordillerano incluye a San Juan y conserva una importancia clave para la conexión con Chile.
Las fronteras no son solo una línea en el mapa: también cuentan historias de acuerdos, tironeos diplomáticos y paisajes que imponen condiciones. En ese escenario, el límite entre Argentina y Chile se gana un lugar pesado entre los más extensos del mundo. Según datos del International Boundaries Research Unit (IBRU), ese trazado alcanza los 5.308 kilómetros y se ubica en el tercer puesto del ranking global.
El recorrido sigue casi de punta a punta la Cordillera de los Andes, desde el norte argentino hasta Tierra del Fuego. Y en medio de ese trayecto aparece San Juan, con un punto estratégico que todos conocen bien: el Paso Internacional de Agua Negra. Ese corredor sigue siendo una pieza clave para el vínculo con la Región de Coquimbo, del lado chileno, tanto para el turismo como para el intercambio comercial.
Con el correr de los años, ambos países fueron acomodando la mayor parte de sus diferencias limítrofes mediante acuerdos y arbitrajes internacionales. Hoy solo quedan dos sectores pendientes: uno relacionado con la Antártida y otro entre Santa Cruz y la Región de Magallanes. El mapa, en este caso, muestra que la cordillera no solo separa, también conecta y marca decisiones de largo alcance.
El podio mundial lo encabeza la frontera entre Canadá y Estados Unidos, con 8.891 kilómetros, seguida por Kazajistán y Rusia, que suman 6.846 kilómetros. Más abajo aparecen otros límites enormes, como Mongolia - China con 4.677 kilómetros, China - Rusia con 4.250 y Bangladés - India con 4.053. También figuran Mongolia - Rusia, Bolivia - Brasil, China - India y Estados Unidos - México, todos con extensiones que impresionan.
En el caso sanjuanino, este dato no es menor: la conexión con Chile sigue teniendo peso estratégico. Entre el turismo, el comercio y proyectos como el futuro Túnel de Agua Negra, la cordillera mantiene viva una relación que, lejos de quedar en el papel, sigue moviendo expectativas de los dos lados de los Andes.