La informalidad pega fuerte y achica la cantidad de nuevas jubilaciones
Un informe de Idesa marca que el empleo registrado sigue en caída en las ciudades y eso ya se siente en el sistema previsional. Con menos aportes y el fin de las moratorias, las altas jubilatorias podrían desplomarse en 2026.
La mejora que empujan el agro, la energía y la minería no alcanza para tapar lo que pasa en la economía urbana. Según un informe del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa), la pérdida de empleo asalariado registrado en las ciudades viene golpeando de lleno los ingresos de hoy y también compromete las jubilaciones de mañana. Entre noviembre de 2023 y abril de 2026, los sectores más dinámicos apenas sumaron 11.000 puestos formales, mientras que la economía urbana perdió 267.000 empleos asalariados registrados. El saldo terminó siendo una destrucción neta de unos 255.000 trabajos formales en empresas privadas.
Pero ese golpe no se tradujo en más desempleo abierto. Idesa explica que mucha gente salió a rebuscárselas en la informalidad, ya sea como asalariado no registrado o como cuentapropista fuera del Monotributo. En ese mismo lapso, el empleo informal habría crecido en unas 450.000 personas. La foto es clara: menos estabilidad, menos aportes y un futuro previsional mucho más flojo para una enorme cantidad de trabajadores.
El impacto ya empezó a verse en las jubilaciones que se otorgan. Datos de la Subsecretaría de Seguridad Social muestran que en 2024 hubo 105.000 nuevas jubilaciones contributivas, es decir, con 30 años de aportes, y 320.000 beneficios por moratorias o a través de la PUAM. En 2025, las jubilaciones contributivas subieron a 113.000, pero las que llegaron por moratorias y PUAM bajaron a 248.000. Para 2026, la proyección es de unas 110.000 jubilaciones contributivas y apenas 123.000 beneficios por moratorias o PUAM. Si eso se cumple, las altas jubilatorias caerían cerca de un 45% frente a 2024.
El problema de fondo, según el informe, es que las jubilaciones con aportes se mantienen estables en torno a las 110.000 por año, mientras se achica fuerte la cantidad de personas que puede entrar sin reunir los requisitos completos. Con las moratorias cerradas, la única salida para quienes no llegan a los años exigidos es la PUAM, que pide tener 65 años y paga el 80% de la jubilación mínima. Idesa advierte que, si la informalidad sigue en este nivel, cada vez más futuros jubilados van a depender de haberes mínimos o de esa prestación. Y aun entre quienes sí se jubilan con aportes, crece el peso de trayectorias marcadas por el Monotributo, con ingresos previsionales más bajos.
Frente a este escenario, el instituto pide acelerar medidas para generar empleo de calidad y no seguir pateando la pelota. Valora la ley de modernización laboral, aunque remarca que todavía falta aplicarla por completo y cerrar puntos pendientes. Además, reclama reformas tributaria y previsional de mayor alcance. En lo fiscal, propone un cambio más profundo que una simple baja de impuestos, incluso con la idea de un "Súper IVA" que absorba tributos como Ingresos Brutos y tasas municipales sobre las ventas. En materia previsional, plantea una relación más directa entre el haber, los aportes realizados y la expectativa de vida, con el fin de los regímenes especiales y un complemento solidario para quienes llegan a la edad de retiro con pocos aportes.
Para Idesa, no renovar las moratorias fue un paso correcto, pero no alcanza para ordenar el sistema. El diagnóstico es duro: por un lado, cae la natalidad y sube la expectativa de vida, lo que complica la sustentabilidad del reparto; por el otro, el mercado laboral sigue perdiendo calidad y achicando la base de aportantes. En ese combo, advierte la entidad, las próximas generaciones de jubilados podrían quedar todavía más expuestas a ingresos bajos y a una vejez cada vez más ajustada.