La Copa del Mundo no se entrega: qué pasa tras la final y quién se queda con la original
La Copa del Mundo tiene un protocolo estricto y una historia llena de secretos. El campeón la levanta en la cancha, pero después recibe una réplica exclusiva.
La FIFA guarda con celo el trofeo original de la Copa del Mundo y, tras la ceremonia, le entrega a cada campeón una réplica especial. Sí, el capitán la alza en el festejo y la emoción es total, pero esa estatuilla histórica no se va para la casa del ganador. Todo quedó más claro después de una anécdota que contó Ángel Di María tras el Mundial de Qatar 2022.
El futbolista recordó que durante los festejos lo acompañaban dos personas de la FIFA porque él llevaba "la original", mientras que la que tenía Lionel Messi junto a Sergio Agüero era una reproducción. Esa diferencia, que para muchos pasó de largo, dejó flotando una pregunta que siempre genera curiosidad: ¿qué ocurre realmente con el trofeo más codiciado del planeta fútbol?
El reglamento marca que la selección campeona recibe el trofeo en el campo de juego, pero debe devolverlo antes de abandonar el estadio. Después, el organismo internacional entrega el llamado "trofeo de los campeones", una réplica exclusiva vinculada al título conseguido. La norma lo dice sin vueltas: "La selección ganadora recibirá el trofeo en una ceremonia que se celebrará en el terreno de juego. Una vez finalizada dicha ceremonia y antes de abandonar el estadio, la selección ganadora devolverá el trofeo a la FIFA en el vestuario. En ese momento, recibirá el Trofeo de los Campeones de la Copa Mundial de la FIFA".
Ese premio, aunque queda como parte de la historia de cada campeón, sigue siendo propiedad de la FIFA. Por eso, la federación que lo recibe debe custodiarlo y devolverlo si el organismo internacional lo pide. No es un souvenir cualquiera ni un trofeo para mostrar sin control: está atado a reglas bien estrictas y a una tradición que la FIFA cuida con uñas y dientes.
La pieza original también tiene un valor simbólico enorme. Está hecha de oro de 18 quilates, mide 36,8 centímetros y pesa 6,175 kilogramos. En la base lleva dos bandas de malaquita, una piedra semipreciosa de tono verde. El diseño fue obra del escultor italiano Silvio Gazzaniga, elegido entre 53 propuestas de artistas de siete países, y la fabricación quedó en manos de la empresa italiana GDE Bertoni, de Paderno Dugnano.
Desde 2016, la copa original descansa en el Museo Mundial de Fútbol de la FIFA, en Zúrich, Suiza. Solo sale de allí en tres momentos puntuales: el sorteo del Mundial siguiente, el partido inaugural y la final. Además, hay una regla muy precisa sobre quién puede tocarla: solo los campeones del mundo y los jefes de Estado en ejercicio pueden hacerlo con las manos desnudas. El resto, si está autorizado, debe usar guantes blancos.
La FIFA tomó esas medidas después de los problemas de seguridad que sufrió el viejo trofeo Jules Rimet. Esa copa, que estuvo en uso desde 1930, quedó en poder de Brasil tras ganar tres Mundiales, pero fue robada en 1983 de la sede de la Confederación Brasileña de Fútbol y nunca apareció. Por eso, el organismo internacional endureció todo el sistema de custodia para evitar otro papelón de semejante magnitud.
De cara a la final del Mundial 2026, el campeón entre Argentina y España no se llevará la original, sino el FIFA World Cup Winner’s Trophy, una réplica creada especialmente para los ganadores. Esa versión reproduce la forma del trofeo oficial y también la fabrica GDE Bertoni, la misma empresa italiana que hizo la copa original desde 1974. No se vende al público y solo se produce para cada selección campeona.
Mientras tanto, el nombre del nuevo ganador será grabado en la base del trofeo original antes de que vuelva a su lugar habitual en Zúrich. La copa todavía tiene espacio para nuevas inscripciones hasta aproximadamente 2038, cuando la FIFA deberá definir qué pasa con el diseño del premio más deseado del fútbol mundial.