Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.delsurdiario.com/a/87515
Historia de esfuerzo

Rubén Quiroga, el vendedor de banderas que juega su propia revancha en Villa Krause

Fue canillita durante años y el cierre de los diarios en papel lo dejó sin ese ingreso. Con la pensión corta y la necesidad de sumar unos pesos, apostó por vender banderas argentinas y ahora vive la previa de la final con una ilusión enorme.

Rubén Quiroga, el vendedor de banderas que juega su propia revancha en Villa Krause

Mientras la Argentina espera que la pelota empiece a rodar, Rubén Quiroga también está en su propia pulseada. No se trata de una cancha ni de una tribuna, pero sí de una pelea diaria que viene sosteniendo hace más de 40 jornadas en la esquina de Doctor Ortega y España, en Villa Krause. Cada mañana arma su puesto con banderas celestes y blancas, con la misma fe con la que el país sueña con dar otra vuelta olímpica. Durante años trabajó como canillita y conoció de memoria el trajín de madrugar para repartir diarios. Pero los tiempos cambiaron, el papel perdió terreno y ese ingreso se le fue de las manos. Sin ese sostén y con una pensión que no le alcanza, entendió que no podía quedarse quieto.

"Había que salir a buscar un ingreso más para llenar la olla. Los pocos pesos que tenía los invertí en la compra de banderas. No sabía cómo me iba a ir, pero confié en eso y en la Selección", contó. Empezó con apenas una veintena de banderas y una colgada sobre sus hombros, como para probar suerte. El primer partido de Argentina fue también su primer examen, y la respuesta fue tremenda: vendió todo. Con esa plata compró algunas cornetas y después sumó más banderas. Más adelante agregó otros artículos, siempre reinvirtiendo cada peso que le entraba. El camino no fue sencillo, porque hace diez días apareció otro vendedor en la misma esquina, con un puesto mucho más grande y cargado de camisetas y mercadería. "No peleé. Me dediqué a ofrecer lo mío. Costó más, pero no bajé los brazos", dijo, con la calma de quien sabe que la constancia también juega.

Este domingo llegó temprano, acompañado por su esposa y con un par de cajas más llenas de esperanza. "Tenía guardada la plata del aguinaldo y decidí invertirla después de que pasamos a la final. El viernes me la gasté toda. Compré más banderas, algunas camisetas y pinturitas. Ojalá pueda vender todo", explicó. Cada bandera que entrega lleva mucho más que colores argentinos: lleva la historia de un hombre que perdió su trabajo y decidió reinventarse. Lleva el esfuerzo de quien eligió apostar en lugar de resignarse. Y también lleva el sueño de seguir adelante, en una San Juan donde muchos se la rebuscan como pueden. Rubén Quiroga espera que Argentina levante la copa, pero en el fondo también quiere ganar su propia final: volver a casa con la satisfacción de haber vendido todo, de haber hecho rendir el aguinaldo y de seguir peleándola con dignidad. Porque, como esta Selección, entendió que los partidos más importantes no siempre se ganan con talento. Muchas veces se ganan con coraje, sacrificio y la decisión de no aflojar jamás.

Te puede interesar

Últimas noticias

Ver más noticias