Un operativo gigante rodea la semifinal entre Argentina e Inglaterra
Estados Unidos armó una custodia descomunal para los partidos decisivos del Mundial: miles de agentes, tecnología anti drones y cientos de organismos trabajando al mismo tiempo para evitar cualquier sobresalto.
Con la semifinal del Mundial 2026 a la vuelta de la esquina y la final cada vez más cerca, Estados Unidos reforzó a fondo la seguridad en las sedes donde se juegan los partidos más calientes. El esquema no se limita a la cancha: también alcanza hoteles, traslados, fan fests y centros de entrenamiento. Según explicó el especialista en seguridad internacional Andrei Serbin Pont, cada ciudad tiene un plan hecho a medida para anticiparse a cualquier problema. En lugares como Kansas, el operativo reunió al menos 1.600 agentes para una sola sede.
La vigilancia también se estira hasta los alojamientos de las delegaciones, donde se montaron perímetros especiales para frenar drones y cuidar la privacidad de los futbolistas. Además, los planteles viajan con convoyes escoltados y, en algunos hoteles, se colocaron barreras visuales para que nadie pueda seguir de cerca los movimientos. Una de las apuestas más fuertes del dispositivo fue la compra de tecnología capaz de detectar e inutilizar drones que puedan representar una amenaza. Todo esto se armó para que no quede ni un solo flanco suelto.
El trabajo es enorme y se apoya en la coordinación de más de 400 agencias. Entre ellas aparecen policías locales y estatales, el FBI, Homeland Security, ICE y unidades especiales de HSI. Con esa red, las autoridades diseñaron protocolos para responder rápido ante situaciones extremas, incluso ataques armados o episodios de violencia masiva. La idea es que, si algo se complica, la reacción sea inmediata y bien aceitada.
Dentro de los estadios también hay presencia de francotiradores ubicados en puntos estratégicos, trabajando en parejas con observador y tirador. Otros equipos permanecen ocultos para ampliar el control sobre tribunas, accesos y sectores sensibles. A eso se suman grupos tácticos listos para intervenir en caso de emergencia, sobre todo ante posibles ataques con armas de fuego. La presencia visible de parte del operativo también busca desalentar cualquier intento de generar caos.
Otro punto que preocupa es la convivencia entre hinchadas, porque en los estadios estadounidenses no hay una separación física estricta entre parcialidades. Por eso, el control apunta a detectar rápido cualquier chispa de conflicto. También se revisa cada bandera y elemento que intenta ingresar a las canchas. Para la semifinal entre Argentina e Inglaterra, incluso se endureció la prohibición de banderas con referencias a las Islas Malvinas, una medida que ya había sido adelantada por las autoridades. Con una inversión cercana a los 1.000 millones de dólares, el Mundial entra en su tramo más sensible con un blindaje pocas veces visto.