Los juguitos de siempre bajo la lupa: qué esconden Baggio y Cepita y por qué preocupa a los nutricionistas
Aunque parecen una opción práctica para la mochila, especialistas advierten que su consumo habitual puede traer problemas metabólicos en chicos y chicas.
Los juguitos individuales de cartón se instalaron hace años en la rutina de millones de chicos argentinos. Están en el jardín, en el recreo, en el almuerzo y hasta en los cumpleaños, con una imagen simpática y de bajo costo que los volvió casi infaltables. Pero detrás de esa postal tan familiar, los especialistas en nutrición vienen encendiendo una alarma que no conviene minimizar. El punto más sensible está en su composición: mucho azúcar libre y, en varios casos, jarabe de maíz de alta fructosa.
Según una nota firmada por la periodista Natalia Kiako en EconomiaSustentable.com, el problema no pasa por tomar uno de vez en cuando, sino por el hábito diario que se metió en muchas casas. Marcas como Baggio y Cepita venden envases chicos, de 125 a 250 ml, con frases que suenan tranquilizadoras como "con vitamina C", "sin conservantes" o "libre de gluten". Sin embargo, al mirar la lista de ingredientes aparece otra historia: agua, pulpa o puré de frutas, azúcar o jarabe de maíz de alta fructosa y jugos concentrados. Uno de los más vendidos, Baggio Pronto sabor Multifruta, figura legalmente como "alimento líquido con 50% de jugo y pulpa de frutas", algo bien distinto a un jugo natural.
Ahí está la trampa que preocupa. El envase muestra frutas frescas y colores llamativos, pero adentro hay azúcares agregados que muchas familias no advierten. La Organización Mundial de la Salud recomienda que los azúcares libres sean menos del 10% de la ingesta diaria, y si se puede, menos del 5%. La ESPGHAN va todavía más lejos y aconseja que en chicos mayores de dos años no superen ese 5%. Además, no es lo mismo una fruta entera que una bebida industrial: la fruta conserva su fibra, que ayuda a frenar la absorción del azúcar y da más saciedad. En cambio, estas bebidas casi no tienen fibra y el azúcar entra más rápido al organismo.
Otro ingrediente que prende luces rojas es el jarabe de maíz de alta fructosa. Es barato, endulza mucho y aparece en un montón de ultraprocesados. El Código Alimentario Argentino obliga a que figure en el etiquetado, pero no informa cuánto se usa. La licenciada Andrea Altamirano Facino advierte que distintas investigaciones lo vinculan con hígado graso no alcohólico, resistencia a la insulina, aumento de triglicéridos, diabetes tipo 2, síndrome metabólico y enfermedades cardiovasculares. También puede alterar la sensación de saciedad, lo que empuja a comer más. En la práctica, la exposición cotidiana de los chicos a este tipo de bebidas termina siendo mucho más alta de lo que parece.
El fenómeno no se explica solo por desconocimiento. También pesan el precio, la comodidad y la costumbre. Se compran por caja en mayoristas, no necesitan frío antes de abrirse y se llevan fácil en la mochila. Por eso, en muchos hogares se volvieron parte de la rutina diaria, incluso varias veces al día. En jardines porteños, la psicóloga Fernanda Kluguer contó que en un establecimiento público y otro privado ve realidades distintas: "Hay mucha más información en las familias del jardín privado. En el otro jardín, muchos chicos llegan directamente con el juguito en la mano. Cuando ingresan los guardamos para evitar diferencias entre los compañeros, porque si uno tiene un juguito todos lo quieren". También señaló que muchas veces, a la salida, son los adultos quienes se los dan, aunque los chicos no lo pidan.
Con la Ley 27.642 de Promoción de la Alimentación Saludable, los productos con exceso de azúcares deben mostrar el octógono negro con la leyenda "Exceso en Azúcares". Además, no pueden venderse ni promocionarse dentro de escuelas de nivel inicial, primario y secundario. Pero la norma no impide que lleguen desde la casa, y por eso siguen apareciendo en mochilas y meriendas. Los nutricionistas insisten en que el foco no está en demonizar un producto puntual, sino en revisar la frecuencia de consumo. Leer bien la etiqueta, mirar los ingredientes y priorizar agua y frutas enteras puede hacer una diferencia enorme en la salud metabólica de los chicos a largo plazo.