Cuatro señales del sueño que podrían pasarle factura al cerebro, según un estudio
Una investigación con más de 23.000 adultos encontró que ciertos hábitos de descanso se asocian con más daño cerebral y un posible deterioro cognitivo a futuro.
Descansar mal no solo deja la cabeza pesada al otro día. Un estudio internacional encendió una alarma fuerte: algunos hábitos de sueño muy comunes podrían estar ligados a un envejecimiento más rápido del cerebro y a un mayor riesgo de problemas cognitivos con el paso del tiempo.
La investigación fue encabezada por especialistas de la Universidad de Arizona junto con otras instituciones de Estados Unidos, y se publicó en Alzheimer’s & Dementia. El trabajo analizó información de más de 23.000 personas adultas, de mediana y avanzada edad, a partir de resonancias magnéticas y cuestionarios sobre descanso nocturno. El objetivo fue detectar qué conductas podían relacionarse con lesiones en la sustancia blanca del cerebro, un marcador asociado al deterioro cognitivo y a enfermedades neurodegenerativas.
Las señales que más preocuparon fueron cuatro: dormir menos de siete horas por noche, dormir más de nueve horas, hacer siestas frecuentes durante el día y padecer insomnio. Según los resultados, quienes dormían menos de siete horas mostraban una mayor cantidad de lesiones cerebrales que quienes descansaban entre siete y nueve horas, el rango que los especialistas consideran ideal. "La falta de sueño podría contribuir a un mayor volumen de lesiones en la sustancia blanca a medida que envejecemos", explicó Gene Alexander, uno de los autores principales.
En el caso de quienes duermen más de nueve horas, los investigadores aclararon que los datos todavía no alcanzan para sacar conclusiones firmes. Hace falta seguir estudiando ese punto para saber con precisión cómo impacta en la salud cerebral. También llamó la atención la relación entre las siestas frecuentes y el daño cerebral, aunque el trabajo no detalló cuánto duraban ni en qué momento del día se hacían. Por eso, remarcaron que todavía queda camino por recorrer para saber si una siesta corta no tiene el mismo efecto que descansos largos o repetidos.
El insomnio, por su parte, también apareció asociado al daño cerebral incluso después de contemplar otros factores como la hipertensión, el tabaquismo o el sedentarismo. La conclusión más importante, según los especialistas, es que el sueño es un factor de riesgo que se puede modificar. Dormir mejor, sostener horarios regulares y apuntar a entre siete y nueve horas por noche podría ser una herramienta clave para cuidar la salud cerebral y bajar el riesgo de enfermedades como el Alzheimer.