Cada vez más parejas bajan los brazos y ya no piensan en un segundo hijo
La baja de la natalidad, la economía y la postergación de la maternidad están cambiando fuerte las consultas en fertilidad. En Argentina, el deseo de agrandar la familia pierde terreno a pasos acelerados.
En Argentina, la idea de ir por un segundo embarazo viene en retroceso y no afloja. Según registros de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMeR) y de la Asociación Civil Concebir, las consultas para ampliar la familia cayeron más de 50% en la última década. El dato pega de lleno porque muestra un cambio profundo en cómo muchas parejas están pensando su proyecto de vida. Hoy, en lugar de planear una familia más numerosa, la prioridad pasa casi siempre por conseguir el primer embarazo.
Los especialistas señalan que detrás de este panorama aparecen varios factores que se pisan entre sí. La baja de la natalidad, la postergación de la maternidad por cuestiones personales o laborales y la situación económica empujan fuerte esta tendencia. Agustín Pasqualini, médico especialista en medicina reproductiva y presidente de SAMeR, lo explicó con claridad: "Hasta hace muy poco, era frecuente recibir consultas de personas que pensaban en formar familias con dos o más hijos. Hoy vemos cada vez más personas que llegan focalizadas exclusivamente en lograr solo un único embarazo". La escena se repite en centros públicos y privados de todo el país.
El tema de la edad también pesa y bastante. Fabián Lorenzo, vicepresidente de SAMeR, advirtió que el primer embarazo se busca cada vez más tarde, en promedio a los 38 años en la mujer, y que si aparece un segundo hijo suele pensarse recién después de los 41 o 42. Eso complica todo: baja la chance de lograr un embarazo espontáneo y crece el temor a que el tiempo juegue en contra. El especialista remarcó además que no solo importa la cantidad de óvulos, sino también su calidad, que cae de manera marcada con los años. A eso se suma que cada vez más varones llegan a edades avanzadas al momento de buscar hijos, lo que también afecta las tasas de embarazo.
Las cifras acompañan este cambio de época. De acuerdo con estimaciones de SAMeR y Concebir, hoy apenas uno de cada dos pacientes que accede a tratamientos de reproducción asistida piensa en un segundo hijo. Es una caída superior al 50% respecto de hace diez años. El descenso de la natalidad en el país también es contundente: según el Ministerio de Salud de la Nación, en 2023 hubo 460.902 nacidos vivos, casi 48% menos que en el año 2000. En ese contexto, muchas parejas sienten que sostener un solo hijo ya es un esfuerzo enorme.
Desde Concebir, su presidenta Ana Claudia Ceballos García, advirtió que cada vez escuchan más historias de personas que apenas pueden sostener el proyecto de un hijo. La incertidumbre económica, los costos de crianza y el desgaste emocional que generan los tratamientos terminan empujando a muchas parejas a resignar la idea de tener más de un hijo incluso antes de empezar la búsqueda. Los expertos insisten en que, ante la postergación del embarazo, lo mejor es asesorarse a tiempo, hacerse estudios completos y conocer opciones como la vitrificación de óvulos o semen. La recomendación es clara: informarse antes de que el reloj biológico y la economía se vuelvan una pared difícil de saltar.
También hay un costado emocional que no se puede pasar por alto. La psicóloga Romina Di Sciorno, de Concebir, señaló que muchas personas llegan a consulta con angustia, culpa o frustración, sobre todo cuando el camino hacia la maternidad o paternidad termina en técnicas de reproducción asistida. Y aunque el foco suele ponerse en la fertilidad femenina, los especialistas remarcan que la fertilidad masculina también cambia con el paso del tiempo y con hábitos como el tabaquismo, el alcohol, la obesidad o el estrés. En medio de todo esto, la ovodonación aparece como una alternativa cada vez más frecuente y segura para quienes no logran el embarazo con óvulos propios.