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Salud en discusión

El sello negro en los alimentos, bajo la lupa: piden ajustarlo en vez de borrarlo

Un informe de IDESA sostiene que el etiquetado frontal dio resultados concretos para bajar el consumo de azúcar, sodio y grasas. En medio del intento oficial por derogarlo, propone afinar el sistema para que informe mejor y siga siendo útil contra la obesidad.

El sello negro en los alimentos, bajo la lupa: piden ajustarlo en vez de borrarlo

En medio de la discusión por el futuro de la Ley de Etiquetado Frontal en la Argentina, un informe del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA) pone el foco en otro camino: no sacarla, sino mejorarla. La norma, vigente desde la sanción de la Ley 27.642, obliga a mostrar advertencias bien visibles en los envases cuando un producto tiene altos niveles de azúcar, sodio o grasas. Del otro lado, el Gobierno nacional empujó un proyecto para derogarla, con el argumento de que el esquema actual es demasiado básico.

Según esa mirada, el etiquetado mete en la misma bolsa a alimentos muy distintos y no toma en cuenta cuestiones como el nivel de procesamiento, la densidad nutricional o las porciones que realmente se consumen. También señalan que el sistema binario, que marca si un producto es "alto" o "bajo" en ciertos nutrientes, puede confundir al consumidor y frenar mejoras más graduales en la industria. Pero IDESA va por otro lado y dice que la evidencia no acompaña la idea de eliminarlo.

El informe rescata especialmente la experiencia de Chile, que fue pionero en aplicar este tipo de advertencias desde 2016. Allí, los estudios de impacto mostraron una baja de alrededor del 27% en el consumo de sodio, del 18% en azúcar y de cerca del 19% en grasas saturadas. En criollo, la herramienta sí movió la aguja y ayudó a desincentivar el consumo de nutrientes asociados a la obesidad, la hipertensión y la diabetes.

Además, otras investigaciones indicaron que varias empresas reformularon sus productos para esquivar las advertencias, bajando ingredientes críticos sin que eso golpeara la rentabilidad ni el empleo. Aun así, el propio estudio admite que el sistema tiene fallas. Entre ellas, menciona que algunos ultraprocesados pueden terminar con menos sellos que alimentos de mejor perfil nutricional, como ciertos lácteos. También advierte que la lógica de blanco o negro no siempre refleja los matices reales de la composición de los productos.

Por eso, IDESA propone avanzar hacia un formato más fino, con distintos niveles de contenido de nutrientes no recomendados, en lugar de una clasificación tan tajante. Ese modelo, que ya se analiza en países como Estados Unidos, podría dar señales más precisas tanto a consumidores como a empresas. El informe concluye que eliminar el etiquetado frontal sería un paso atrás en salud pública, porque dejaría sin una herramienta clave para enfrentar la obesidad. La apuesta, dice, debería ser perfeccionarlo y sumarlo a un paquete más amplio de políticas para promover hábitos saludables.

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