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Reforma en marcha

El Ejecutivo mandó al Senado un proyecto para cambiar de raíz las sociedades comerciales

La propuesta, firmada por Milei, Adorni y Mahiques, llega con casi 300 artículos y apunta a digitalizar, simplificar y abrir la puerta a figuras inéditas como las sociedades automatizadas.

El Ejecutivo mandó al Senado un proyecto para cambiar de raíz las sociedades comerciales

El Gobierno giró al Congreso un proyecto de nueva Ley General de Sociedades con la idea de dejar atrás la Ley 19.550, vigente desde 1972. En los fundamentos, el Poder Ejecutivo sostiene que aquel marco fue clave para el derecho privado argentino, pero que ya quedó desfasado frente a las exigencias económicas, tecnológicas y empresariales de este siglo. La iniciativa entró por el Senado, una cámara que ya tiene una agenda cargada y donde la Rosada busca ordenar el debate a su favor.

El texto lleva las firmas de Javier Milei, Manuel Adorni y Juan Bautista Mahiques. Desde X, el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, celebró el envío y aseguró que se trata de una reforma que acompaña el rumbo económico que impulsa el Gobierno. Según la propuesta, la meta es pasar a un régimen societario más simple, flexible, previsible y moderno, sin descuidar a terceros, socios y acreedores. En otras palabras, menos vueltas y más agilidad para armar empresas.

Uno de los ejes centrales es la digitalización. El proyecto impulsa registros electrónicos, legajos societarios digitales, firmas digitales o electrónicas y trámites más rápidos para inscribir o modificar sociedades. También busca recortar trabas burocráticas y limitar la discrecionalidad administrativa. Para el Ejecutivo, la idea es que constituir una sociedad deje de ser un vía crucis de papeles y demoras.

Otro punto fuerte es la flexibilización del objeto social. La reforma permite que sea amplio, plural y que abarque actividades conexas o no conexas, siempre que sean lícitas. Además, amplía la posibilidad de crear sociedades unipersonales, pensadas como una herramienta útil para pequeños emprendimientos, inversiones, radicación de empresas extranjeras y separación de riesgos. También se redefine el rol del capital social, al que el proyecto ya no toma como una garantía suficiente por sí sola frente a terceros.

La propuesta incorpora, además, figuras bien de época: firmas remotas, contratos inteligentes, tokens, inteligencia artificial y hasta sociedades automatizadas. En ese esquema, una sociedad podría operar con sistemas algorítmicos autónomos o agentes de IA, sin trabajadores en relación de dependencia para su funcionamiento ordinario. El texto también suma la posibilidad de una Sociedad Descentralizada Autónoma Operativa (D.A.O.) y reconoce instrumentos de inversión como opciones de suscripción o mecanismos convertibles para startups y proyectos tecnológicos. La reforma, en definitiva, abre un debate de alto voltaje sobre cómo se van a organizar las empresas en la Argentina que viene.

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