El Gobierno sale a buscar respaldo provincial para empujar sus leyes más sensibles
Diego Santilli abrió la ronda de charlas con gobernadores dialoguistas, entre ellos Raúl Jalil y Gustavo Sáenz, en medio de la pelea por votos y fondos.
Con el Congreso como campo de batalla, el Gobierno puso en marcha una ronda de reuniones con gobernadores dialoguistas para asegurarse respaldo político en los próximos meses. El encargado de tejer esos acuerdos es el ministro del Interior, Diego Santilli, que ya recibió a dos mandatarios provinciales aliados en Casa Rosada. La movida no es la Casa Rosada necesita sumar voluntades para que avancen proyectos clave y, al mismo tiempo, las provincias siguen apretando por recursos y obra pública.
La primera charla fue con el gobernador de Catamarca, Raúl Jalil, y tuvo como eje una agenda vinculada al desarrollo productivo, la minería, la logística y la llegada de inversiones, según informaron desde la cartera. En ese encuentro también se repasó el crecimiento del litio en la provincia, donde hoy hay tres plantas próximas a inaugurarse y se proyectan exportaciones por encima de las 25 mil toneladas. Con esos números sobre la mesa, Catamarca se perfila como una de las piezas fuertes del mapa minero nacional.
Después, Santilli mantuvo otra reunión con el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz. En esa mesa también estuvo el armador Eduardo "Lule" Menem, delegado de Karina Milei para definir la estrategia electoral de La Libertad Avanza. El oficialismo busca avanzar con cambios en la reforma electoral y, sobre todo, con la eliminación de las PASO, pero por ahora no le alcanzan los votos. En paralelo, también intenta empujar otros proyectos como la Ley de Propiedad Privada, la Ley Hojarasca, cambios en los subsidios de la Zona Fría y acuerdos pendientes con holdouts.
Desde Balcarce 50 aseguran que estos encuentros con mandatarios provinciales apuntan a fortalecer el trabajo articulado entre Nación y provincias. En el fondo, la jugada es el Gobierno quiere llegar a las sesiones con más respaldo y las provincias esperan que la negociación deje algo concreto sobre la mesa. Mientras tanto, el año electoral mete presión y obliga a todos a mover sus fichas con cuidado.