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Salud en invierno

Garganta tomada: cómo distinguir un virus, una bacteria o el simple castigo del frío

Con el invierno en marcha crecen las consultas por dolor de garganta y malestar al tragar. Médicos advierten que no siempre hay infección y que automedicarse con antibióticos puede traer más problemas que soluciones.

Garganta tomada: cómo distinguir un virus, una bacteria o el simple castigo del frío

Apenas se instala el frío, en San Juan empiezan a multiplicarse las bufandas, las estufas quedan prendidas todo el día y la garganta pasa a reclamar protagonismo. La carraspera, la picazón y ese ardor al tragar se vuelven moneda corriente en esta época. Pero ojo: no siempre el culpable es un virus. A veces, el aire seco de los ambientes calefaccionados, los cambios bruscos de temperatura, el cigarrillo, hablar demasiado o el reflujo también pueden dejar la garganta a los gritos.

La médica otorrinolaringóloga Ana Cofre explicó que, en esta temporada, las causas más frecuentes son la faringitis y la amigdalitis, cuadros que suelen aparecer junto con la circulación de virus respiratorios. La clave está en mirar el resto de los síntomas para no meter la pata con tratamientos que no hacen falta. Si se trata de un cuadro viral, lo habitual es que venga con congestión, tos, mocos y fiebre leve. En cambio, cuando hay una infección bacteriana, suelen aparecer fiebre alta, dolor fuerte, ganglios inflamados y placas en las amígdalas.

Uno de los puntos que más preocupan a los especialistas es el uso de antibióticos "por las dudas". Esa costumbre, tan instalada en invierno, no solo no ayuda si no hay bacteria, sino que además alimenta un problema serio: la resistencia bacteriana. En palabras simples, tomar antibióticos sin indicación puede hacer que después dejen de funcionar cuando realmente se los necesite. Por eso insisten en no automedicarse y consultar antes de arrancar cualquier tratamiento.

En la mayoría de los casos, los cuadros leves mejoran con hidratación, reposo, analgésicos y cuidados básicos. También hay recursos caseros que siguen dando una mano: la miel puede calmar la irritación, las gárgaras con agua tibia y sal ayudan a bajar la inflamación y las bebidas calientes suelen aliviar bastante. Igual, hay señales que no se pueden dejar pasar: fiebre alta que no cede, dificultad para respirar o tragar, dolor muy intenso o una amígdala mucho más inflamada que la otra ameritan consulta médica inmediata. Con el invierno encima, la recomendación es clara: prestar atención, no improvisar y darle al cuerpo el descanso que pide.

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