El oficialismo va por una nueva ley de biocombustibles y mira de cerca a Brasil
La propuesta que llegó al Senado busca subir los cortes de bioetanol y biodiésel, habilitar autos flex fuel y sumar un mercado digital para vender biocombustibles.
El Gobierno nacional volvió a meter en la agenda un tema que en la Argentina viene dando vueltas hace más de veinte años: los biocombustibles. Esta vez, la apuesta llegó al Senado con un proyecto que toma como espejo al modelo de Brasil, donde el etanol ya está metido de lleno en el transporte cotidiano. La movida no es menor, porque aparece en medio de combustibles cada vez más caros y con la presión de bajar importaciones energéticas.
La iniciativa, impulsada por Patricia Bullrich, Pablo Cervi, Enzo Fullone, Ezequiel Atauche y otros senadores alineados con La Libertad Avanza, propone subir el corte obligatorio de biodiésel con gasoil del 7,5% al 10% en el plazo de un año. En el caso del bioetanol, la mezcla en naftas pasaría del 12% al 15%. Además, el texto deja abierta la chance de que el Poder Ejecutivo cambie esos porcentajes si hay problemas de abastecimiento, cuestiones técnicas o conveniencia económica.
El proyecto también habilita la venta de mezclas por encima de los pisos obligatorios, siempre que la tecnología lo permita. En la práctica, eso abre la puerta a combustibles con una presencia mucho mayor de biocombustibles en las estaciones de servicio, algo que en Brasil ya es moneda corriente. A eso se suma la autorización para que circulen vehículos flex fuel, tanto nuevos como adaptados bajo reglamentación específica.
Los motores flex fuel están preparados para funcionar con distintas proporciones de combustibles fósiles y renovables. En el caso brasileño, pueden usar nafta, etanol hidratado o una mezcla de ambos sin drama. Esa tecnología se expandió fuerte desde comienzos de los 2000 y cambió por completo el mercado automotor del país vecino. Hoy, casi todos los autos livianos nuevos que se venden allá salen de fábrica con esa opción, lo que les permite a los usuarios elegir según el precio que más les convenga.
El peso de Brasil como referencia no es casual. Mientras en la Argentina el corte de bioetanol ronda el 12%, del otro lado de la frontera las naftas llegan a porcentajes cercanos al 27% de etanol anhidro. Además, existen surtidores específicos de etanol hidratado para vehículos flex. Ese diferencial es uno de los puntos que vienen marcando desde hace años las provincias productoras y las cámaras empresarias, que reclaman una política más firme para meter más biocombustibles en la matriz energética.
El empuje también tiene una fuerte impronta federal. Córdoba se consolidó como gran polo del bioetanol de maíz, mientras Tucumán, Salta y Jujuy sostienen la producción de etanol de caña de azúcar. Santa Fe, en tanto, concentra buena parte de la capacidad instalada de biodiésel. Desde esas provincias insisten en que hace falta un esquema de largo plazo para sumar inversiones y aprovechar la capacidad ociosa que todavía tiene el sector.
Otro punto fuerte del proyecto es la creación de un mercado electrónico para comercializar biodiésel y bioetanol. La idea es concentrar ahí las operaciones vinculadas al cumplimiento de los cortes obligatorios, con rondas de negociación entre productores y empresas mezcladoras. En el caso del bioetanol, la distribución deberá dividirse en partes iguales entre los productores de caña de azúcar y de maíz. También se habilitan contratos a término de libre negociación, con un tope atado a la llamada paridad de importación.
La propuesta no se queda solo en esos dos combustibles. También incorpora reglas para el biometano y el SAF, el combustible sostenible de aviación. En el primer caso, se autoriza su inyección en los gasoductos del sistema nacional de transporte y su manejo como gas comprimido o licuado. En el segundo, el biojet quedará liberado de mandatos mínimos de mezcla. Todo esto apunta a abrir el juego para nuevos renovables y a mover una discusión que recién empieza a tomar temperatura en el Congreso.
El trasfondo es claro: las naftas y el gasoil vienen acumulando aumentos que golpean de lleno al bolsillo, al transporte y a la logística. En ese escenario, el Gobierno busca reactivar una discusión que estaba medio dormida y que ahora vuelve con fuerza. La pregunta que queda flotando es si la Argentina está lista para dar ese salto y acercarse, aunque sea un poco, al camino que hace rato transita Brasil.