Isabel Fernández llevó sus pinceles a la plaza Aberastain y sorprendió a los sanjuaninos
La pintora y docente sanjuanina salió a crear en pleno espacio público y convirtió la renovada plaza en un taller a cielo abierto. Su propuesta dejó una postal distinta y un mensaje bien claro sobre la libertad de pintar donde pinte el alma.
La renovada plaza Aberastain se llevó todas las miradas cuando la artista plástica sanjuanina Isabel Fernández armó su atril y empezó a pintar en medio del movimiento de Capital. La escena sorprendió a vecinos y transeúntes, que se frenaron a mirar cómo el espacio público se transformaba, por un rato, en un taller abierto. La creadora, conocida también como "Laisa", le puso color a una postal urbana que no pasó desapercibida.
Fernández es egresada de la Universidad Nacional de San Juan como profesora de Artes Plásticas y desde hace años combina la docencia con una producción artística sostenida. Da clases en el Colegio Central Universitario Mariano Moreno y, al mismo tiempo, desarrolla obra en pintura, dibujo y técnicas mixtas. Lejos de quedarse encerrada entre cuatro paredes, eligió salir a la calle para encontrar otro pulso, otro aire y otra forma de inspirarse.
"A esto que hago, lo de pintar en algún lugar, yo le llamo mis viajes cotidianos", explicó la artista. Contó que suele salir con sus materiales cuando el clima acompaña y se instala en plazas, veredas o confiterías para trabajar en un clima más relajado. Para ella, esa experiencia no es solo artística: también es una manera de vivir con más libertad. "Es un sentido de libertad de la vida diaria", señaló, dejando en claro que el arte también puede respirar en lo simple.
En ese ida y vuelta con la gente está parte de la magia, porque quienes se acercan a mirar, preguntar o charlar terminan sumando algo al proceso creativo. Con más de tres décadas de recorrido, Fernández expuso en Buenos Aires, Córdoba y también en espacios de Estados Unidos, Europa y Asia. Su obra se destaca por el uso intenso del color y por una mirada íntima, muchas veces atravesada por vivencias personales, aunque siempre abierta a resignificar lo cotidiano.
"No hace falta hacer un gran viaje para hacer lo que te gusta", afirmó. Y su paso por la plaza Aberastain lo dejó clarito: a veces alcanza con salir a la vereda, mirar alrededor y animarse a crear. Así, entre pinceles, charla y movimiento urbano, la artista no solo sumó belleza al corazón de la ciudad, sino que también dejó una idea potente: el arte puede aparecer en cualquier rincón, si hay ganas de compartirlo.