Del puerto a la góndola: importan barato y rematan carísimo
Un relevamiento del IPyPP muestra brechas enormes entre el costo de traer mercadería y el valor final en el mostrador, con saltos que golpean a varios rubros.
Con la apertura importadora en marcha, varias empresas empezaron a mover sus fichas y a cambiar de jugada. Ya no se trata solo de traer más productos del exterior, sino de modificar cómo producen, cómo venden y, sobre todo, cómo fijan los precios. Según el informe del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP), titulado "Las grandes empresas ante la apertura importadora del gobierno de Milei: repliegue industrial y elevados márgenes de rentabilidad", crece la tendencia a reemplazar la producción local por bienes terminados importados. Todo esto ocurre con menos aranceles, más desregulación y un tipo de cambio que le abre la puerta a la mercadería de afuera, en un mercado interno cada vez más apretado.
El punto que más ruido hace es la distancia entre lo que cuesta importar y lo que termina pagando el consumidor. El valor CIF, más aranceles y tasas, marca el costo económico de entrada, pero el precio en góndola suele ir bastante más arriba. Esa diferencia aparece en casi todos los rubros relevados y deja una postal bien clara: el negocio no está solo en traer barato, sino en vender muy por encima de ese valor. En otras palabras, la brecha se volvió una constante difícil de disimular.
Uno de los casos más llamativos es el de Lumilagro, una marca histórica de la industria nacional. De acuerdo con el informe, la firma empezó a traer termos desde China con un costo CIF de entre 4 y 4,7 dólares por unidad. Con aranceles y tasa estadística, ese valor sube a unos 5,8 dólares, equivalentes a cerca de $8.000. Sin embargo, esos mismos termos se venden en el mercado local desde los $60.000, o alrededor de $44.000 sin impuestos nacionales. La diferencia, francamente, pega fuerte.
El panorama se repite en Essen, otra firma muy conocida en el país. El relevamiento señala que cacerolas y sartenes importadas tienen un costo de importación cercano a los $50.000 por unidad, pero llegan al público con precios que rondan los $384.000 sin impuestos nacionales. La empresa, que durante años se destacó por fabricar localmente, ahora también suma productos importados a su catálogo. En el medio, el consumidor mira la etiqueta y no sale de su asombro.
En electrodomésticos, la foto tampoco cambia demasiado. Whirlpool, tras el cierre de su planta en Pilar, comercializa lavarropas importados con un costo cercano a los $313.000, mientras que el precio de venta arranca en los $619.000 sin impuestos. En Pilisar, la ex Siam del grupo Newsan, los lavarropas importados tienen un costo en torno a los $221.000, pero se ofrecen a más de $400.000 sin impuestos. El salto entre un valor y otro vuelve a mostrar una lógica que, para el bolsillo, no tiene nada de amable.
El calzado también entra en la misma dinámica. En Adidas, el informe ubica el costo de importación de cada par de zapatillas en unos $27.000, mientras que el precio al público ronda los $100.000. Este movimiento va de la mano con el cierre de plantas productivas y un aumento marcado en el volumen de importaciones de la marca. En el sector automotor, el panorama suma otros nombres pesados: BYD y Peugeot. En el caso de BYD, los autos eléctricos importados tienen un costo cercano a los u$s15.450 y se venden alrededor de los u$s23.900. Peugeot, por su parte, aumentó la importación de vehículos terminados mientras avanzaba con ajustes en su planta local.
La brecha también aparece en alimentos y artículos de consumo masivo. El informe menciona a Mondelez, Nestlé, Coto y Procter & Gamble (P&G). Hay galletitas de Mondelez que entran al país con un costo cercano a los $500 por unidad y terminan en góndola por encima de los $2.000. El café de Nestlé ronda los $3.900 de costo, pero se vende a más de $7.000. También se observan diferencias en bananas, palmitos y galletitas importadas de Coto, además de productos de higiene personal de P&G. El patrón se repite y no parece casualidad.
Más allá de los precios, el IPyPP advierte otro cambio de fondo: los bienes finales ganaron terreno frente a los insumos productivos. En 2023 representaban el 14% del total, y en 2025 ya rozan el 24%. Eso refleja una reorientación de las empresas hacia la comercialización de productos importados, con menos peso de la producción propia. En paralelo, distintos sectores registraron despidos, suspensiones y cierres de plantas, mientras crece la lógica de reconvertirse de fábrica a distribuidora. El informe también señala que los márgenes altos responden a la estructura de los mercados y a la capacidad de las grandes firmas para imponer precios, a lo que se suman intermediarios y plataformas. En síntesis, el negocio cambia de forma, pero el costo lo sigue sintiendo el laburante y, claro, el bolsillo de todos.