La movida de Micaela Lobato que quiere llevar festejos donde más hacen falta
Con ayuda de su familia, impulsa una propuesta solidaria para que chicos sin posibilidad de cumpleaños tengan su momento especial. La iniciativa ya suma apoyos y busca llegar a más historias.
En medio de la rutina diaria, Micaela Lobato encontró una forma bien concreta de hacer la diferencia. Junto a su familia, convirtió un emprendimiento en una herramienta solidaria pensada para llegar a chicos que no pueden festejar su cumpleaños como corresponde. La idea nació desde algo chico, pero viene creciendo con fuerza y con un objetivo clarito: regalar un rato de alegría donde más se necesita.
Todo arrancó con el empuje de Francisco Lobato, su papá, de quien Micaela tomó ese costado solidario y lo llevó a la acción. "Cuando se lo propuse, ni lo dudó", contó, al recordar cómo se sumó enseguida a la iniciativa. Después se acopló su esposo, Pedro Rios, y entre los tres fueron dando forma a una propuesta que ya dejó de ser solo una idea.
El plan apunta a chicos que viven situaciones muy duras y que, muchas veces, ni siquiera tienen la chance de soplar una vela. En esos casos, un cumpleaños puede parecer algo inalcanzable, casi un lujo. Por eso, la familia busca llegar con panchos, un festejo sencillo y un momento compartido que tenga valor de verdad. No se trata solo de comer algo rico, sino de ofrecer contención, alegría e inclusión.
"No buscamos lo comercial, sino poder conocer historias reales, de chicos que de verdad necesiten este gesto", explicó Micaela. Y en esa búsqueda también invitan a que otras personas se acerquen, cuenten casos, acerquen contactos o se sumen con una mano. La propuesta necesita de esa red para seguir creciendo y alcanzar a quienes hoy están más invisibilizados.
Con el correr de los días, la movida empezó a sumar amigos, apoyos y nuevas ganas. Ahora la familia quiere dar un paso más y ampliar el alcance para que más gente participe. Reciben mensajes a través de Instagram, en la cuenta francesco.party, tanto de quienes necesitan ayuda como de quienes quieren colaborar. Porque a veces, para cambiarle el día a un chico, no hace falta una gran estructura: alcanza con compromiso, empatía y ganas de hacer algo bueno.