Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.delsurdiario.com/a/79515
Una vida partida al medio

La dura historia de Noelia: recuerdos felices, golpes y una decisión irreversible

La joven de 25 años contó un recorrido atravesado por la infancia luminosa, el derrumbe familiar y un padecimiento que la acompañó durante años hasta su final.

La dura historia de Noelia: recuerdos felices, golpes y una decisión irreversible

La historia de Noelia Castillo, de 25 años, dejó al descubierto un recorrido durísimo, marcado por recuerdos felices en la infancia y una etapa posterior cargada de dolor, inestabilidad y heridas profundas. Tras más de dos años de pelea judicial, recibió la eutanasia y su testimonio volvió a poner en primer plano una vida atravesada por el sufrimiento físico y psicológico. En la entrevista que dio en Y ahora Sonsoles, de Antena 3, reconstruyó su pasado con una mezcla de nostalgia y crudeza que impacta de lleno.

Entre los pocos momentos que recordó con una sonrisa, apareció su niñez junto a su hermana en la casa de su abuela, a la que llamaba con cariño "yaya". "Era una época muy feliz", dijo al evocar esos veranos en los que pasaban tres meses allí, entre ferias, paseos y pequeñas ventas de pulseras hechas por ellas mismas. "Nos poníamos a vender cositas hechas por nosotras", contó, al describir tardes simples que para ella fueron un verdadero refugio. También rememoró las cenas en la terraza, al aire libre, como escenas que hoy guarda como uno de los últimos rastros de bienestar en su vida.

Ese lazo con su abuela quedó bien presente en el relato de su madre, Yolanda Ramos, quien aseguró que Noelia era la nieta favorita de su "yaya". La cercanía entre ambas fue uno de los apoyos emocionales más fuertes que tuvo la joven. En la entrevista, además, repasó fotos de su infancia con su madre y se detuvo en imágenes que la devolvían a momentos cotidianos: con un helado, con trenzas, en su primer día de escuela o disfrazada en una fiesta. "¿Para ti son momentos felices?", le preguntó la periodista Bea Osa. "Claro. Sí, sí", respondió sin dudar.

En esos últimos días, Noelia eligió quedarse con cuatro fotos muy especiales para acompañarla en el momento de la eutanasia: una pintando un cuadro de su madre, otra de Wendy, la perrita que tuvieron cuando era chica, la del primer día de colegio y una más de su niñez. Pero la luz de esa etapa, según su propio relato, se quebró en la adolescencia, cuando la familia perdió la vivienda por problemas económicos y tuvo que mudarse a lo de su padre. "Se lo embargaron y nos tuvimos que ir a casa de mi padre", explicó. Desde ahí, la inestabilidad empezó a marcarle el pulso a la vida.

Con padres separados y custodia compartida, Noelia describió un clima familiar áspero, con fines de semana alternos que no siempre terminaban bien. "Íbamos fines de semana alternos y no iban bien las cosas cuando íbamos allí", recordó. También contó que muchas veces debían esperar hasta la madrugada en bares mientras su padre tomaba alcohol. "Teníamos que estar esperando hasta las tres o cuatro de la mañana", relató. A partir de ahí, según su testimonio, todo se volvió una seguidilla de golpes: "Luego han sido todo baches, oscuridad, vacío".

Desde los 13 años estuvo en tratamiento psiquiátrico y con el tiempo recibió diagnósticos como trastorno obsesivo-compulsivo y trastorno límite de la personalidad. A eso se sumaron episodios que ella misma definió como traumáticos, entre ellos dos agresiones sexuales, una en el marco de una relación de pareja y otra múltiple, que no llegó a denunciar. La acumulación de dolor la llevó a varios intentos de suicidio y, en 2022, se arrojó desde un quinto piso. Sobrevivió, pero quedó con paraplejia y con un panorama que ella misma resumió con una frase helada: "No tengo metas ni proyectos". Su historia, contada en primera persona, deja una marca difícil de olvidar.

Te puede interesar

Últimas noticias

Ver más noticias