Muere Noelia Castillo, la paciente más joven en recibir la eutanasia en España
La catalana de 25 años padecía dolores permanentes e irreversibles tras un intento de suicidio en 2022. Su caso estuvo frenado durante dos años por una batalla judicial.
Noelia Castillo, la joven parapléjica de 25 años que había pedido la eutanasia, falleció este jueves luego de recibir la muerte asistida en su habitación de la residencia sociosanitaria de Sant Pere de Ribes. Se convirtió así en la paciente más joven de España en acceder a este procedimiento y en la sexta paciente psiquiátrica de Cataluña en atravesarlo.
La historia venía de arrastre desde hacía dos años. La eutanasia debía concretarse el 2 de agosto de 2024, pero una orden judicial frenó todo a último momento, a pedido de su padre. Desde entonces, el hombre, acompañado por Abogados Cristianos, intentó parar la muerte asistida de su hija y llevó el reclamo hasta el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), aunque sin éxito.
Finalmente, el procedimiento quedó fijado para este 26 de marzo. Noelia murió sola, después de despedirse de su madre, tal como ella misma lo había pedido. En la residencia donde estaba internada, que consideraba su "zona de confort", la joven había dejado en claro su decisión: "Quiero irme ya y dejar de sufrir y punto. Ninguno de mi familia está a favor de la eutanasia. ¿Y yo todo el dolor que he sufrido durante todos estos años?"
En otra entrevista, también había contado cómo imaginaba ese momento: quería ponerse "el vestido más bonito" de su armario y maquillarse de forma "sencilla". "Siempre he pensado que quiero morirme guapa", aseguró. Detrás de esa definición había una vida atravesada por la dureza: se crio en una familia desestructurada, con adicciones y problemas de salud mental de su padre, y pasó buena parte de su infancia y adolescencia en centros de menores.
El punto de quiebre llegó en 2022, cuando sufrió una agresión sexual múltiple y, poco después, en octubre de ese mismo año, intentó suicidarse. Ese episodio la dejó parapléjica y con secuelas graves: alteración sensitiva, dolor neuropático, incontinencia fecal, dependencia funcional y vejiga que requiere sondas cada seis horas, entre otras complicaciones.
Mientras hacía rehabilitación en el Instituto Guttman de Badalona, Noelia ya manifestaba su voluntad de poner fin al sufrimiento. El 10 de abril de 2024 formalizó su pedido ante la Comisión de Garantía y Evaluación de Cataluña (CGAC), que terminó certificando que padecía "secuelas permanentes e irreversibles" y un "sufrimiento constante", por lo que cumplía con los requisitos para acceder a la muerte asistida.
Su padre no aceptó esa decisión y acudió a la Justicia para intentar frenar el proceso. En medio de esa pelea, Noelia también dejó una frase que marcó la tensión familiar: "No ha respetado mi decisión y nunca lo hará. Me quería poner a mi nombre la casa que ha comprado para poder seguir cobrando la pensión por hijo a cargo. Después de eso, no quiere poner la casa a mi nombre, ni pagar el entierro, ni va a ir a la eutanasia, ni al entierro, y dice que no quería saber nada más de mí. Que para él ya estaba muerta. Yo lo entiendo. Es padre y no quiere perder a una hija, pero no me hace caso. No me llama nunca, no me escribe nunca. Lo único que hace es traerme comida. ¿Para qué me quiere viva? ¿Para tenerme en un hospital?"