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Murió Jürgen Habermas, el último baluarte de la Escuela de Frankfurt

Este sábado falleció a los 96 años el filósofo alemán que revolucionó cómo entendemos la política y el diálogo. Su herencia sigue viva en la democracia actual.

Murió Jürgen Habermas, el último baluarte de la Escuela de Frankfurt

Este sábado, el universo de la filosofía y la política lloró la pérdida de Jürgen Habermas, el mismísimo titán del pensamiento moderno que, a sus 96 años, dejó este mundo en su hogar de Starnberg, Baviera. La editorial Suhrkamp y medios de todo el planeta confirmaron la noticia que se esparció rápido, desde Alemania hasta el último rincón de Europa y América.

No era cualquier filósofo: con su obra inmortal "La teoría de la acción comunicativa", explicó que la democracia no se sostiene solo con votos, sino con ese ingrediente clave que son el diálogo, el consenso y la razón. Sus ideas sobre la racionalidad comunicativa y la democracia deliberativa forman parte del ADN de un montón de académicos, políticos y estudiantes que buscan entender cómo hacer que la voz del pueblo realmente suene.

Nacido en 1929 en Düsseldorf, Habermas vivió la posguerra alemana y se plantó como un faro de la Segunda Escuela de Frankfurt. Defendió siempre que las decisiones políticas deben nacer del debate sano entre ciudadanos y no quedar a la merced de la fuerza, los negocios o los medios de comunicación con agenda propia. Su concepto de "esfera pública" sigue siendo clave para comprender cómo nos organizamos y participamos en la sociedad.

Sus pensamientos atravesaron no solo libros y charlas, sino también la realidad de medios, leyes, política y movimientos sociales que buscan abrir espacios de participación genuina. Hoy, muchos califican sus teorías como herramientas imprescindibles para combatir la polarización y la desinformación rampante.

El fallecimiento de Habermas deja un hueco enorme en la intelectualidad mundial, pero su legado no se apaga: nos obliga a recordar que la democracia y la justicia exigen diálogo, escucha y compromiso de la gente. El filósofo que encendió la esperanza de que las palabras pueden cambiar el mundo, nos despide dejando una marca imborrable en la historia.

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