Entró en la casa de su ex y la amenazó: quedó con una probation de un año
La Justicia sancionó al tipo con un año de prueba, trabajos comunitarios, pago de una reparación y la obligó a no acercarse a su ex, la víctima de violencia.
Washington Daniel Elizondo se mandó una macana bárbara y terminó firmando un acuerdo judicial para zafar del juicio. El tipo, que es el protagonista de esta historia, fue acusado de irrumpir sin permiso en la casa de su expareja y amenazarla con mensajes por WhatsApp en plena causa de violencia de género.
El expediente con número 11690/26 quedó bajo la lupa del fiscal Francisco Micheltorena, junto a su ayudante Eduardo García Thomas. Para esquivar el juicio, Elizondo aceptó una suspensión a prueba por un año, con varias condiciones que tiene que cumplir al pie de la letra.
Entre las pautas, debe hacer 40 horas de trabajo comunitario en un municipio en cuatro meses, desembolsar una reparación simbólica de $150.000 en tres cuotas, y mantener una distancia mínima de 200 metros de la víctima, además de participar en un taller para aprender sobre violencia hacia la mujer.
Todo arrancó el sábado 7 de marzo a media mañana cuando Elizondo se juntó con su ex —con quien tiene tres pibes chicos y de quien se había separado hace poco, apenas tres semanas— en la casa de la hermana de ella, en Pocito. Ahí pactaron que los nenes pasarían el día con su viejo. Pero lo que parecía un arreglo tranquilo se fue al carajo cuando, después, la mujer empezó a recibir mensajes re feos por WhatsApp: insultos y amenazas porque él sospechaba que podía haber otro en su casa.
La cosa subió un cambio a eso de las 14:30 cuando la mujer volvió a su hogar en Sierras de Marquesado, Rivadavia, y se encontró con Elizondo metido adentro sin permiso. El tipo estaba en un cuarto y le largó que esperaba verla en esa situación, convencido de que ella estaba con otro. De ahí vinieron los tiros por la culata: discutieron, salieron del domicilio y la mujer pidió auxilio a una amiga para llamar al 911.
La policía llegó rápido, separó las partes y se llevaron detenido a Elizondo. Si bien el hombre tenía copia de las llaves y no forzó ninguna puerta, no tenía luz verde para meterse en la casa. Después, la víctima llevó la denuncia a la Unidad Fiscal de violencia intrafamiliar y mostró los mensajes como prueba y prueba de la amenaza.
Ahora, con este trato y bajo un régimen de reglas estrictas, el acusado debe cumplir y poner el pecho para que el asunto no se agrave y llegue a un juicio. La Justicia mandó un mensaje claro, aunque hay que ver qué pasa en el tiempo con esta historia que no deja de preocupar.