Daniela Yevcin: la sanjuanina que rompió el molde y se perdió el miedo para convertirse en pionera del futsal
A los 25 años, Danielita es la primera mujer del país en aprobar el curso FIFA RAP de futsal. Con la garra de casa y la pasión en la sangre, dejó chiquitos a todos en un ámbito que durante mucho tiempo fue solo de varones.
En un juego donde los silbatos siempre parecían estar reservados para los hombres, Daniela Yevcin puso el pecho, le puso todo el cuero y se metió donde nunca antes se había animado una mujer. Con solo 25 años, esta sanjuanina no solo se ha ganado un lugarcito en el podio del arbitraje de futsal nacional, sino que también hizo historia al ser la primera mujer en aprobar el exigente curso FIFA RAP Futsal, un certificado que la ubica en la elite del referato argentino.
Pero ojo, atrás de ese presente de gloria hay un comienzo casi clandestino y bien de barrio. A los 15 años, Daniela ya dirigía partidos... pero a escondidas de su viejo Eugenio, él mismo árbitro y mentor que luego sería clave para que se afiance en esta carrera. "Mi papá dirigía en la cancha de Árbol Verde. En la Villa Arce había un torneo de futsal y María Vázquez me preguntó si me animaba a dirigir en inferiores. Yo dije que sí y ahí empecé… pero sin que se enterara mi papá", recuerda con una sonrisa picarona.
La aventura secreta no duró mucho. Esa misma noche, el genio de Eugenio llegó tras dirigir y preguntó dónde estaba Daniela. "Mi mamá no tuvo otra opción que tirar la posta. Yo estaba dirigiendo y mi viejo llegó a la cancha. Se enojó, pero no por el laburo, sino porque me la guardé", cuenta ella con naturalidad.
El vínculo familiar marca el camino. En casa de los Yevcin, el referato es moneda corriente: tiros largos y mano a mano con la profesión. "Mi papá es árbitro y todos los pibes andamos por esa senda: mi hermana Iara que no ejerce, Priscila que también dirige futsal, mi hermano Néstor y yo", detalla la joven con orgullo de cuna.
Con los años, aquella arranque furtivo fue mutando en pasión y vocación. Cuando dio los 18, se lanzó al ruedo formal con el curso de árbitro, y rápido se ganó un lugar en la cancha. Si bien dirige también fútbol once, el corazón le latió fuerte por el futsal. Al principio, el viejo estaba medio dubitativo, pero cuando escuchó de boca de la hija su decisión firme, le tiró el consejo que sería la brújula del camino: "Me dijo que si iba a dedicarme a esto, que no fuera una más del montón, sino que buscara dejar huella y ser referente", rememora Daniela. Y vaya que lo hizo.
Desde joven, la piba no se achicó. Ya a los 19 militaba en un torneo nacional en Bariloche, un desafío bien pesado para cualquiera. Su maestro y crítico más exigente fue su propio papá. "Antes de hacer el curso mi viejo me llevaba a partidos de inferiores y me hacía todas las correcciones. Así me fui formando", cuenta Daniela, que aún hoy se desenvuelve como pez en el agua en un ambiente donde siempre mandaron varones.
"Ya me acostumbré. No creo ser menos que nadie. Hice mi preparación, cumplí y me fogueé. Soy la primera mujer árbitro RAP a nivel nacional. Somos tan capaces como cualquier hombre", dice convencida y sin vueltas.
Junto a su hermana Priscila, ambas son referentes indiscutidas en el futsal sanjuanino y están al frente de los partidos más picantes de la provincia. Aunque el panorama no siempre es el mejor —porque muchas canchas no tienen las mejores condiciones de seguridad— Daniela no se asusta. "Nos hacemos los duros. Mi otra profesión es ser policía y eso me da calle. Lo que sí me parte el alma son los episodios de violencia", apunta con sinceridad.
Por suerte, su carrera está llena de ejemplos y no de malas experiencias. "Solo tuve un encontronazo serio en diciembre pasado, nada más", detalla. Cada paso que da lleva impregnado el esfuerzo de la familia y principios firmes. Su viejo y su vieja, Eugenio e Isabel, fueron el motor de su recorrido. "Mi vieja conoció a mi viejo porque fue a ver un partido con una amiga y se enamoró del tipo que estaba en la cancha", suelta entre risas.
Al principio a Isabel le costó ver a su hija en la cancha: "No le gustaba que me griten desde afuera, le daba cosita verme, pero con el tiempo se fue acostumbrando", confiesa Dani.
Hoy los dos están orgullosos de esta piba que mete pasión, coraje y compromiso a cada silbatazo. Daniela también es policía, pero cuando le preguntan qué trabajo es más bravo, no duda: "El arbitraje". Y explica el porqué: "Tomamos decisiones en segundos, sabiendo que somos humanos y nos podemos equivocar. Pero lo hago con profesionalismo y con la pasión que me enseñó mi viejo".
En esta fecha especial, con el Día Internacional de la Mujer en el bonete, la historia de Daniela Yevcin no es solo un logro deportivo, sino una bandera para todas las que quieren pisar fuerte y derribar prejuicios. Es un ejemplo de valentía, de lucha y de sueños realizados que comenzó casi en secreto y ahora enciende la chispa para que muchas más mujeres se animen a jugar su partido, adentro y afuera de la cancha.