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Policiales

El calvario de Manuel Armoa en Dubái: entre misiles y vóley

El sanjuanino Manuel Armoa viajó a Dubái para jugar en la liga de Al Jazira y terminó viviendo días de pura angustia y miedo por el conflicto armado. Su madre contó cómo atravesaron la guerra y lograron volver a Argentina por sus propios medios.

El calvario de Manuel Armoa en Dubái: entre misiles y vóley

Manuel Armoa, nuestro voleibolista sanjuanino, partió con la idea de brillar en la liga de Dubái con Al Jazira, pero lo que prometía ser una experiencia deportiva terminó siendo un verdadero trance de terror. Entre partidos y réplicas de misiles, la guerra irrumpió sin aviso y lo obligó a enfrentar un escenario inimaginable.

Así lo relató su mamá, Carla Morel, quien lo acompañó en parte de esta odisea: "No es nuestra guerra, no sabemos de barriles de petróleo, de bases militares, de drones ni de misiles. Manuel solo juega al vóley y yo aliento en sus finales", expresó con la sinceridad que arrasa prejuicios.

A pesar del contexto, Manuel se la jugó en la cancha. En semifinales hizo temblar al último campeón, Baniyas, anotando nada menos que 31 puntos. Y en la final, tras una actuación fenomenal con 30 puntos y un impactante 66% de efectividad, el conflicto armó un escenario de película de terror.

Los partidos transcurrían bajo las sombras amenazantes de los ataques: "Jugaban en medio de drones, misiles y aviones caza como si nada". Pero la realidad golpeó con más fiereza después, durante el regreso por el desierto: el entrenador avisó que misiles pasaron sobre la torre donde se alojaban. El mensaje fue claro, ¡a resguardarse ya!

Las horas siguientes quedaron impresas para siempre en la memoria de madre e hijo. Refugiados en una estación de servicio, con la incertidumbre clavada en el cuerpo, apenas podían dejar de mirar al cielo. "Estábamos en manos de Dios", confesó Carla, quien también apuntó contra la desinformación: "Es una inconsciencia decir que allá no pasa nada. La comunicación sobre lo que ocurre es desastrosa".

Pasaron noches de poco descanso perseguidos por el miedo, buscando refugios en subsuelos y enfrentando desafío tras desafío hasta que lograron retornar al país con sus propias herramientas. No sin pagar un precio alto: vuelos y gastos inesperados que les llevarán meses reponer.

Pero el alivio de pisar tierra argentina es incalculable. "Después de noches sin dormir y mucho agotamiento físico y mental, llegamos a casa solos, por nuestros medios. Era cuestión de insistir y no claudicar", recordó Morel con un nudo en la garganta. Ahora, desde la tranquilidad de nuestro suelo, celebran la victoria de la resistencia humana: "Aquí estamos, con la más linda: la bandera argentina, suelo argentino, tierra de paz y bien lejos de esa pesadilla".

Y para cerrar esta historia de coraje, mamá deslizó palabras que emocionaron hasta al más duro: "Manu, cuánto te admiro. Sos crack en el vóley y en la vida". De una competencia deportiva a luchar por la vida, la historia de Manuel Armoa nos demuestra que lo importante es siempre volver a casa con vida y el corazón intacto.

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