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Lo pescaron con una licencia trucha y ahora le cae una multa de medio palo más tareas comunitarias

Un control de tránsito en Encon destapó que Roni Rafael Tobares manejaba con un carnet falso. Por eso, aceptó una suspensión de juicio a prueba, tareas comunitarias y una multa simbólica de $500 mil.

Lo pescaron con una licencia trucha y ahora le cae una multa de medio palo más tareas comunitarias

Una simple parada en un control de rutina dejó al descubierto un cuento de nunca acabar: manejar con papeles que no son. El protagonista de esta historia es Roni Rafael Tobares, quien el 10 de febrero de 2025, cerca de las 17 horas, fue interceptado en un operativo policial en el control de Encon, en el departamento 25 de Mayo. La policía frenó una Volkswagen Amarok blanca, patente PHK906, y al pedirle la documentación, el carnet de conducir que mostró no cerró para nada.

Los oficiales, sospechando algo raro, consultaron rápido con la Agencia Nacional de Seguridad Vial y ahí vino la picante: la licencia simplemente no existía en el sistema. Lo cierto es que Tobares fue detenido en el momento y la causa quedó en manos de la Justicia bajo flagrancia, por orden de la fiscal de turno, Yanina Galante, junto con la intervención del ayudante fiscal.

El expediente, con número 11566/26, está a cargo del fiscal Francisco Micheltorena y el ayudante fiscal Eduardo García Thomas, y la acusación recayó sobre el uso de un documento falso. Pero ojo, esto no llegó a juicio. Tobares optó por una salida alternativa: aceptar una suspensión de juicio a prueba por un año.

Las condiciones que le impusieron son claras y no para cualquiera: deberá cumplir 30 horas de tareas comunitarias en un máximo de cuatro meses en el municipio de Villa Dolores, en San José de Córdoba, mantener domicilio fijo, y aportar una reparación simbólica de 500 mil pesos que tendrá que abonar en un mes a la organización Guerreros por la Vida.

Así es como un control que parecía de rutina terminó metiendo a Tobares en un quilombo judicial, con guita de por medio y laburo comunitario a cuestas. Y la moral de esta historia es bien clara: en la ruta, ni un papel trucho pasa piola.

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