Argentina y EE.UU. sellan un pacto que promete sacudir la economía y los negocios bilaterales
El nuevo acuerdo abre mercados, baja aranceles y toca temas clave como inversiones, comercio digital y derechos laborales, con la mira puesta en reactivar exportaciones y fortalecer la relación entre ambos países.
Después de una firma que generó muchas expectativas, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos soltó el documento final del acuerdo con Argentina, que abarca desde aranceles hasta normas sobre inversiones, propiedad intelectual y trabajo. El objetivo principal: limar asperezas y bajar barreras para que tanto productos como servicios circulen con más soltura entre ambos países.
Desde la cartera estadounidense, el mensaje fue más que claro: buscan "mejorar la reciprocidad mediante la reducción de barreras arancelarias y no arancelarias y mejorar la alineación para abordar prácticas comerciales desleales que amenazan nuestra prosperidad". El pacto, que empezó a tomar forma a fines de noviembre de 2025, apunta a abrir puertas para productos estratégicos y reactivar rubros centrales como recursos naturales, acero, aluminio y nuestra preciada carne vacuna.
Un comunicado oficial destacó que esta movida "consolida una relación estratégica basada en apertura económica, reglas claras y una visión moderna de complementariedad comercial". Además, sostienen que es un paso vital para que Argentina vuelva a insertarse de lleno en el concierto de las economías occidentales. Ahora, el acuerdo debe pasar por el Congreso nacional para recibir la bendición definitiva.
En materia de aranceles, la Casa Rosada aplicará derechos de aduana a productos originarios de EE.UU., mientras que Estados Unidos eliminará impuestos para 1.675 productos argentinos, abriendo las compuertas a más de mil millones de dólares en exportaciones. Eso sí, hay que estar atentos: la revisión futura de tarifas sobre acero y aluminio será un tema para seguir de cerca.
En cuanto a licencias de importación, Argentina tendrá que levantar trabas y aplicar sistemas más automáticos para los productos estadounidenses, facilitando así el comercio. Además, el acuerdo pone foco en que las reglas sanitarias y fitosanitarias del país se basen en criterios científicos y no se usen para poner palos en la rueda al intercambio bilateral.
Sobre el frente laboral, el Tratado marca que Argentina debe prohibir la importación de bienes producidos bajo trabajo forzoso y comprometerse a respetar y proteger los derechos laborales reconocidos internacionalmente, sin dar pasos atrás en la legislación y prácticas vigentes.
En propiedad intelectual, la apuesta es por un resguardo firme, con sistemas que frenen la piratería y protejan marcas y derechos de autor, especialmente en el universo digital.
El cuidado ambiental también figura en la lista de compromisos, garantizando que se mantengan leyes y estructuras que eviten que el comercio se desarrolle en condiciones desleales por cuestiones ecológicas.
La inversión extranjera tendrá luz verde para sectores clave como minería, energía y telecomunicaciones, con los mismo beneficios que los inversores locales. Por su parte, Estados Unidos pone sobre la mesa apoyo financiero para proyectos estratégicos, colaborando con empresas del país vecino.
Pantalla grande para lo tecnológico y comercial: se impulsa el comercio digital, reconocimiento de firmas electrónicas y la transferencia segura de datos personales, además de un compromiso mutuo para eliminar barreras técnicas y reglamentarias que obstaculicen el flujo de bienes y servicios.
Y ojo al dato: el acuerdo prevé flexibilizar las prohibiciones a la importación de bienes usados y remanufacturados, sumando equipos clave para sectores productivos variados, y promete un trabajo conjunto para ampliar el acceso al mercado en estas categorías.
En suma, un paquete integral y bien cargadito que abre un nuevo capítulo en la relación comercial entre Argentina y Estados Unidos, apostando a que este impulso sea un motor para el crecimiento y la inserción global del país.