Argentina negocia ser puerto de paso para deportados de Estados Unidos
En una movida que revoluciona la política migratoria, la Casa Rosada y Washington negocian un polémico acuerdo para que la Argentina reciba a ciudadanos expulsados desde Estados Unidos, hecho que genera debate por el giro ideológico impulsado por Milei.
En un vuelco inesperado en la tradición migratoria de nuestro país, este viernes se conoció que la Casa Rosada y la Casa Blanca están ajustando los últimos detalles de un controversial convenio que permitiría a Estados Unidos enviar a personas deportadas hacia territorio argentino. Según publicó The New York Times basándose en documentos oficiales y fuentes anónimas, el acuerdo busca simplificar la salida de migrantes desde países sin nexos diplomáticos o acuerdos directos con Washington.
La propuesta fue presentada formalmente este mes por el subsecretario de Política Exterior en funciones, Juan Navarro, y contó con el apoyo del canciller Pablo Quirno, indica el medio estadounidense. La idea es que individuos detenidos en la frontera estadounidense hagan escala en Argentina, a miles de kilómetros, para luego ser trasladados a sus países de origen, configurando a la Argentina como un "tercer país" en esta cadena de repatriaciones.
Este tipo de tratados han sido utilizados como pieza clave en la estrategia de deportaciones masivas del ex presidente Donald Trump. Al sumarse, Argentina se sumaría a un grupo de países de la región como Costa Rica, El Salvador, Panamá, Paraguay y Ecuador, que también consolidaron lazos con el líder republicano.
Desde el gobierno nacional, este pacto representa un equilibrio delicado. Por un lado, fortalece la alianza con Trump luego de la millonaria asistencia financiera de 20.000 millones de dólares en septiembre, fundamental para las legislativas intermedias. Por otro, se enfrenta al cambio de discurso de Javier Milei, que ha endurecido su mirada sobre la inmigración, equiparándola a una "invasión" cultural.
Además, la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, celebró un "récord histórico" de 5.000 expulsiones e inadmisiones en dos meses, marcando un giro hacia una política de seguridad nacional más estricta.
Pese al entusiasmo oficial por estrechar lazos con Washington, los papeles del Times reflejan inquietudes dentro del gabinete libertario, con el temor latente a un rechazo social en un país con raíces fundadas en la inmigración.