Casa Montes, otra bodega sanjuanina que amarga con cheques rechazados por más de 467 palos
La emblemática bodega Casa Montes enfrenta un duro revés económico con un aluvión de cheques rechazados. La crisis del vino vuelve a pegar fuerte en San Juan, mostrando la difícil situación del sector y la punta del iceberg de problemas estructurales.
La vitivinicultura del Valle de Tulum volvió a dar señales de alerta y esta vez la que suena fuerte es la bodega Casa Montes. Este gigante de la industria local, que pisa fuerte con marcas como AMPAKAMA, Fuego Negro, Alzamora, Baltazar y su propia etiqueta, desembarcó en el ojo de la tormenta al acumular un listado extenso de cheques rechazados que superan los 467 millones de pesos, según informó el Banco Central y difundió el portal especializado Bichos de Campo.
La cuestión no es menor: los problemas financieros de Casa Montes reflejan la fragilidad que atraviesa todo el sector vitivinícola en la provincia y en la región, donde desde el viñedo hasta la bodega la situación se complica cada vez más. La sobreproducción de vino, la caída en picada del consumo local y el quebranto de la rentabilidad se encargan de hacer estragos. Y no es un caso aislado: Mendoza tiene bajo la lupa a mastodontes como Norton o Bianchi, mientras en otras provincias como Salta o La Pampa, la tormenta también se siente fuerte.
Casa Montes explicó que esta seguidilla de cheques rechazados está ligada a un embargo surgido por una demora en adherir a un plan de pagos impositivos. La maniobra paralizó sus cuentas bancarias y generó un efecto dominó que dejó a la bodega en aprietos financieros comerciales. Sin embargo, desde la empresa aclararon que hoy cerca del 80% de esos compromisos ya están saldados, aunque los datos oficiales aún no muestran la recuperación completa.
Además, la firma destacó que esta crisis puntual no responde a problemas estructurales ni a cambios en la forma de financiamiento. Tradicionalmente, la bodega trabaja con líneas bancarias de descubierto y préstamos para capital y descuento de cheques. Pero la demora en mayo para adherir al plan ante ARCA provocó el embargo y la paralización inmediata de sus cuentas, haciendo que los cheques aparecieran rechazados hasta que se repusieron los fondos. La lentitud del sistema bancario para consolidar los pagos expuso a la empresa a una marca negativa que complicó la renovación de sus acuerdos de descubierto, aumentando la presión financiera.
Este escenario es un reflejo del estado del juego en la vid local: los productores están en guardia, porque el precio de la uva no acompaña la suba continua de costos en insumos, mano de obra y energía, y en muchos casos los valores percibidos no alcanzan a cubrir siquiera los gastos básicos en la finca. La industria en su conjunto siente el efecto de una caída histórica en el consumo doméstico, que no logran compensar las exportaciones dadas las trabas cambiarias y la pérdida de competitividad. Los stocks se amontonan y las bodegas se hunden en una ecuación que aprieta sin respiro sus márgenes.
Informes recientes de organismos como Ieral y la Fundación Mediterránea confirman que esta delicada situación no es pasajera. La sobreoferta y la caída en la demanda, sumados al costoso escenario de producción con insumos dolarizados y gastos energéticos que no paran de subir, configuran un combo explosivo. En este contexto, cualquier traspié administrativo o comercial puede desencadenar una crisis de proporciones, tal como acaba de mostrar Casa Montes.
La respuesta de los bancos, endureciendo la vuelta de las líneas de crédito ante estos antecedentes, no hace más que añadirle pimienta al problema, reflejando que el sector hoy es más mirada con recelo por el sistema financiero. Por ahora, la bodega y los productores del Valle de Tulum resisten, aunque con la mirada atenta y preocupada del que sabe que la materia prima para el buen vino está, pero el mercado está en otro tango.