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En el día del músico

De Villa Krause al mundo: el viaje rítmico de Guillermo "Goku" Illanes

De sus primeros toques en Villa Krause hasta escenarios en América, África y Asia, Guillermo "Goku" Illanes construyó una carrera a puro ritmo y curiosidad, llevando la esencia sanjuanina por el globo con su música.

De Villa Krause al mundo: el viaje rítmico de Guillermo "Goku" Illanes

En pleno Día del Músico, que rinde culto al nacimiento del Flaco Spinetta, la historia de Guillermo "Goku" Illanes se planta firme como prueba viva del poder que tiene el arte para transformar vidas. Este músico sanjuanino, que más que una profesión siente la música como un "don divino", logró que sus raíces de Villa Krause retumben en escenarios de todo el mundo.

Un multiinstrumentista de barrio y alma curiosa

Si bien mucha gente lo conoce por cómo la rompe con la percusión, Goku es mucho más que eso: un multiinstrumentista que aprendió a garabatear sus primero acordes mirando y sintiendo, sin un conservatorio de por medio. Arrancó con el bombo legüero, que fue la puerta a todo un universo de ritmos y sonidos.

Se fue zambullendo en la guitarra, el guitarrón, el bajo, el bandoneón, teclado, piano y hasta el canto, todo en base a la vibra de sus maestros y la cancha que el mambo le brindó. Para él, la música es la vida misma: "es un todo que me acompaña desde que abro los ojos hasta que me acuesto".

La brújula musical lo llevó bien lejos

Desde que tenía 19 años, Goku comenzó a recorrer un camino que lo llevó a meterse en las venas mismas de culturas diversas y profundas. Un pasaporte con ritmo y vuelo:

  • Quito, Ecuador: formó parte de una orquesta de instrumentos andinos que mezclaba clásico con popular.
  • Lima, Perú: vivió el Festival Internacional de Cajón Peruano y hasta fue protagonista del récord Guinness con más de 1.500 cajoneros.
  • Uruguay: se metió en las bateas de candombe, aprendiendo de los tambores que hacen latir Montevideo.
  • Mongolia y China: brilló en festivales internacionales de música coral, dejando claro que la cultura de uno puede hablarle al mundo entero.

El tambor como idioma sin fronteras

Entre sus historias más pintorescas, recuerda un encuentro en un camarín de Beijing con dos percusionistas de Gabón. Sin entender una sola palabra, el intercambio fue puro ritmo. "La conexión fue: te presto el mío, me prestás el tuyo", cuenta Goku, mostrando que el lenguaje verdadero es el que siente el corazón, no el que dicen en los diccionarios.

Orgullo de Villa Krause que viaja en cada compás

A pesar de haber recorrido medio mundo, Goku Illanes no pierde de vista su lugar en el mapa: "Aunque mi viejo es jachallero, yo soy de Villa Krause, es mi barrio", aclara con firmeza. Cada vez que pisa un escenario internacional, se pone la piel sanjuanina y demuestra que podés ser ciudadano del mundo sin renegar ni un poquito tus raíces.

Para él, festejar a los músicos es celebrar la identidad y reflexionar sobre la vida misma, con ritmo y sentimiento.

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