¿Dónde debería meter la mano la motosierra en 2026 para que cuadre la cuenta fiscal dulce de Milei?
Para cumplir con el superávit fiscal que espera el presupuesto, el Gobierno tendría que recortar un 19% real el gasto público que no sube por inflación, según un informe del IERAL. La inflación y la reforma laboral complican el panorama, y en 2025 el ajuste ya se hizo bajando subsidios para bancar jubilaciones.
Según los sabios del Instituto de Investigaciones Económicas para la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), la cosa está brava para el año que viene. Si el Congreso le da luz verde a la reforma laboral y sus cambios impositivos, el ministro Luis Caputo tendrá que afilar la motosierra y meterle un ajuste real del 19% en el gasto público que no se toca con la inflación, para que el presupuesto cierre redondito.
Los gurúes Marcelo Capello y Gaspar Reyna, que conocen el departamento fiscal del IERAL al dedillo, dicen que esto se debe a que la inflación prevista para 2026 viene más alta y hay leyes nuevas de discapacidad y educación que no estaban en las cuentas. Además, la reforma laboral trae una rebaja en impuestos a las empresas y en contribuciones patronales, que le sacan recursos a la caja del Estado.
Para que se den una idea, si la inflación llega al 23% en vez del 10,1% esperado, la recaudación va a crecer un 33% en términos nominales. Pero ojo, porque el gasto ligado a la inflación, como jubilaciones y AUH, también se va para arriba, equiparando esa inflación. Esto es un tira y afloja que dificulta los números finales.
El informe advierte que aunque el superávit fiscal 2026 podría alcanzar el 1,9% del PBI, esto sin contar la reforma laboral. Pero cuando se suma el paquete impositivo que baja ganancias y contribuciones, esa cifra se achica y el ajuste tendría que ser mucho más agresivo para cumplir con la meta oficial del 1,5% del PBI.
Para no perder el hilo, hay que decir que ese ajuste del 19% real significa que, aunque la inflación suba al 23%, el gasto discrecional debería subir solamente un 4% en términos nominales frente a 2025. Y sin la reforma laboral, igualmente el gasto debería achicarse un 9% real para llegar a ese superávit primario.
Ahora, ¿cómo fue el trajín en 2025? Según el Instituto Argentino de Análisis Fiscal, el gasto público no se movió mucho en términos reales respecto a 2024. Lo que sí subió fue el gasto indexado, como jubilaciones, que trepó un 15%, mientras que el gasto no indexado bajó un 11% para compensar.
El informe pinta que para bancar un aumento en jubilaciones de $7,8 billones, el Gobierno se la tuvo que jugar y recortó casi $7,1 billones en subsidios y otros gastos sociales. No es poca cosa, y el panorama para seguir ajustando no se viene fácil para el equipo económico.