De una pelea por un celular a un ladrillazo feroz: destrozó un auto, la agarraron y ahora limpia calles
Una bronca por una deuda terminó con el vidrio destrozado de un Ford Escort en Rawson. La mujer vio la cana, aceptó probation y deberá laburar para la comunidad y aportar a merenderos.
En el barrio de Rawson, una bronca por cobrar un celular impago escaló a los golpes y terminó con un explosivo desenlace. La protagonista, Margot Elena Pacheco, decidió tirar un ladrillo contra la luneta trasera de un Ford Escort bordó que estaba estacionado en calle Magallanes 2101, dejando un vidriado hecho trizas.
La movida calenturienta tuvo lugar el jueves 15 de enero, cerca de las 12.40 del mediodía, cuando Pacheco llamó a la puerta para reclamar la plata del celular vendido y sin cobrar. La respuesta "te pago en unos días" no cayó nada bien y la cosa se fue de las manos. La furia la llevó a bajar al ladrillo y lanzárselo a la luneta trasera, que saltó en pedazos con los restos desperdigados en el baúl.
Tras el ataque, la mujer arrancó como gacela pero la víctima no la dejó escapar: la persiguió hasta que en zona del Conector Sur, justo antes de Doctor Ortega, la retuvo civilmente. En solo minutos, la policía apareció y se la llevó detenida a la Comisaría 24 de Rawson, quedó en el legajo 11419/26 y la fiscalía a cargo de Miguel Gay tomó cartas en el asunto.
En la declaración ante la policía, Pacheco sostuvo que recibió una cachetada en la cara que la hizo estallar y tirar el ladrillo, aunque no tenía marcas visibles y la otra persona no quedó detenida. Un vecino pibe fue testigo directo y su mamá avaló lo dicho, aportando más peso a todo.
La justicia no la mandó al calabozo: por el delito de daño simple, aceptó una suspensión de juicio a prueba por un año. Ahora, Margot deberá meter ganas y cumplir con 40 horas de trabajo comunitario en el municipio de su barrio durante cuatro meses. Además, tendrá que realizar una reparación simbólica de $30.000, plata que irá para merenderos, ayudando a quienes lo necesitan.
Así fue como un conflicto por un teléfono impago derivó en un huracán de emociones, un vidrio roto y un castigo con compromiso social, mostrando que no todo termina con prisión, sino también con tareas que dejan una enseñanza.