A seis años del crimen: ¿cómo sobreviven en la celda los rugbiers condenados?
Los ocho rugbiers sentenciados por el asesinato de Fernando Báez Sosa cumplen sus penas en Melchor Romero, alejados del ruido mediático, entre talleres y la espera de la definición judicial de la Corte Suprema.
Ya pasaron seis años desde ese trágico episodio que conmovió al país entero: el asesinato de Fernando Báez Sosa. Desde aquel día, la vida de los ocho rugbiers condenados dio un giro de 180 grados. Hoy, recluidos en la Alcaldía N°3 de Melchor Romero, atraviesan una rutina carcelaria llena de certezas y dudas, lejos del foco público que antes los apuntaba sin parar.
De puertas para adentro, el día a día se mueve entre horarios estrictos, talleres de formación y actividades recreativas. Cinco de ellos —Máximo Thomsen, Ciro Pertossi, Luciano Pertossi, Enzo Comelli y Matías Benicelli— tienen sentencia de prisión perpetua. Thomsen, considerado uno de los cabecillas, se dedica a talleres grupales donde aprende sobre derechos humanos y alfabetización jurídica, mientras que Ciro Pertossi sigue con su rutina en otro pabellón, disfrutando de salidas al patio y visitas semanales.
Luciano Pertossi también cumple perpetua y pasó un tiempo aislado. Circularon rumores de un intento de suicidio, algo que la familia desmintió y el Servicio Penitenciario jamás confirmó. Por su parte, Comelli y Benicelli participan activamente en actividades colectivas, educativas y recreativas dentro del penal.
Los tres restantes —Blas Cinalli, Ayrton Viollaz y Lucas Pertossi— recibieron condenas de 15 años por ser partícipes secundarios. Todos están en Melchor Romero y se ocupan con talleres, deportes y diferentes actividades para pasar el tiempo. La familia de Lucas cuenta que estudia abogacía y se anima a la cocina y a la huerta, buscando algún soplo de futuro entre tanta oscuridad.
Los ocho tienen derecho a recibir visitas una vez por semana, y los jueves sus familiares los contienen con alimentos y pequeños mimos, indispensables para seguir bancándola tras las rejas. Mientras tanto, la Justicia mantiene en vilo a todos con la espera de una definición clave: la Corte Suprema tendrá la última palabra sobre las apelaciones que podrían cambiar su destino.
Después de seis años, esta causa sigue incendiando el corazón y la mente de la sociedad, dejando una marca imborrable tanto en la familia Báez Sosa como en todos los argentinos que siguieron de cerca cada paso de esta historia.