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Hazaña

Del piberío sanjuanino a la gloria en Jesús María: Benjamín Costa, el nuevo crack de la doma

Con solo 19 años, Benjamín Javier Costa llegó por primera vez al Festival Nacional de Doma y Folclore y se subió a lo más alto del podio. Su historia, tejida con esfuerzo, amor de familia y pasión por los caballos, nació en Santa Lucía y emocionó a todos en el Anfiteatro José Hernández.

Del piberío sanjuanino a la gloria en Jesús María: Benjamín Costa, el nuevo crack de la doma

Benjamín Javier Costa no se presentó en Jesús María como un mero novato ni como un fulbito que brilla por un ratito. Pisó firme con la mochila cargada de años en el campo, caballos y mucha garra. Apenas 19 pirulos y ya dejó su nombre estampado como campeón absoluto en su primera cita en el festival más tradicional del país.

Este joven jinete, oriundo de Santa Lucía, recorrió el histórico Anfiteatro José Hernández con la calma de quien sabe que ese lugar era su sueño desde pibito. Antes de que el desenlace lo consagrara, le había contado a Telesol Diario que vivía cada jornada como si fuese un regalo, sin pensar mucho más allá que en disfrutarlo a pleno. Y vaya si lo disfrutó: lo que logró se pasó de cualquier expectativa.

Su vínculo con la jineteada empezó casi a la par de sus primeros recuerdos. Hijo del popular tropillero Tato Costa, creció entre los potrillos y las montas, y a los 8 años ya se subía sin miedo a los petisos de la familia, aprendiendo sin apuro ni golpes de más. Con el tiempo, se hizo la vuelta por varios festivales de la zona, observando, practicando y dándole forma a un estilo propio que lo llevó a medirse con los mejores del país.

Jesús María era su gran sueño. Durante años fue solamente un espectador que se ilusionaba con pisar ese césped. La chance tocó a su puerta tras destacarse en las fechas provinciales, ganándose un lugar entre la crème de la crème de la doma nacional. Compartió ruedo con figuras consagradas y, en vez de achicarse, apareció con regularidad y con un carácter de peso, virtudes que lo lanzaron directo al podio más alto.

Un detalle que llamó la atención de todos fue su casco: no era un mero accesorio, sino un escudo personal. Benjamín reveló que después de sufrir varios golpes serios, decidió no separarse nunca más de ese protector, que más de una vez le salvó la pelleja. En el mundo de la doma, no es obligatorio usarlo y cada jinete decide según su gusto, pero para él es un amuleto.

Tras este campeón, hay un cimiento familiar que lo bancó en cada paso. Su mamá Estela, sus hermanos Daniel y Victoria, junto a su papá formaron una barra de lujo desde la platea. Benjamín no duda en afirmar que el sostén de su familia fue clave para hacerle frente a las dificultades y para mantener esos valores que hoy lo definen dentro y fuera del ruedo.

Más allá de la medalla, el joven destacó la buena onda y el compañerismo que reina en el festival. La competencia es feroz pero adentro del campo, y afuera prima la camaradería. Recibió felicitaciones de colegas de todo el país y valoró la chance de compartir escena con esos referentes a los que siempre miró de reojo con admiración.

La gesta de Benjamín Costa no solo llena de orgullo su nombre, sino que también pone otra vez en el mapa a San Juan, que dio la talla en uno de los escenarios más grandes de nuestra tradición nacional de la mano de un pibe que soñó desde chiquito y convirtió ese sueño en pura realidad.

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