Se quiebra la joven abogada santiagueña acusada de racismo en Brasil: "Estoy muy arrepentida"
Una salida con amigas terminó en una denuncia que la dejó varada en Brasil: con pasaporte retenido y tobillera electrónica, la joven cuenta cómo todo se fue de las manos y pide que la entiendan.
Una noche que arrancó como un plan divertido entre amigas en Brasil se convirtió en un verdadero dolor de cabeza para Agostina Páez, una joven abogada de Santiago del Estero. El escándalo explotó cuando un video de la discusión en un bar se volvió viral y ahora la mantiene atrapada del otro lado de la frontera, con restricciones judiciales que la tienen sin poder volver a casa.
Según su relato, el problema empezó al momento de pagar la cuenta: el personal del bar les exigió el pago de consumos que ella afirma ya habían abonado, mostrando todos los comprobantes al detalle y con horarios claros. Pero nada valió, y Agostina y sus amigas se vieron obligadas a volver a pagar, lo que encendió los ánimos. La situación se fue tensando cuando los empleados del lugar comenzaron a burlarse de ellas, haciendo gestos provocadores y siguiéndolas escaleras arriba, lo que terminó de ponerle la mecha al fuego.
En ese momento caliente, la joven reconoce que tuvo una reacción fuera de lugar. Explicó que no se dio cuenta de que la estaban filmando ni que sus gestos podrían tomarse en mala manera. Aseguró que su enojo no iba contra los empleados, sino un desahogo con sus amigas en medio de la situación estresante.
La Justicia brasileña no dio muchas vueltas: le retuvieron el pasaporte, le prohibieron salir del país y la obligaron a usar una tobillera electrónica mientras avanza la investigación. Así, Agostina Páez quedó atrapada en Brasil aunque aún puede moverse con libertad dentro del país, pero bajo vigilancia estricta.
Además, la viralización del episodio la puso en el centro de la tormenta mediática. Su nombre y su cara están circulando en múltiples medios brasileños, y la joven confesó haberse sentido tan acosada que tuvo que cerrar sus redes sociales y refugiarse en un departamento para cuidar su seguridad. Mientras la causa sigue dando vueltas, el boca a boca y las repercusiones no aflojan ni en Brasil ni en Argentina.