Jorge Soria: el sanjuanino que escapó con la voz y terminó cantando con Serrat y homenajeando al Barça
Perseguido por sus canciones en tiempos oscuros, Jorge se refugió en España y convirtió la nostalgia en himnos que celebran la vida y el fútbol. Su historia es un canto de libertad y pasión desde Murcia hasta Barcelona.
Jorge Soria es más que un cantor; es un trovador que cruzó el charco escapando de las sombras de una época oscura para hacer de la música su bandera. Radicado en la calidez de Murcia, este sanjuanino convirtió su exilio en una aventura musical donde la nostalgia se transformó en arte que celebra la vida y el deporte que corre en las venas: el fútbol.
A fines de 1974, Jorge partió desde su San Juan hacia Buenos Aires, cargado de sueños y con el apoyo de una familia que bancó sus estudios de canto y arte dramático. Pero la realidad le jugó una mala pasada: detenido por 26 días tras asistir a un recital de Víctor Heredia en un clima electoral tenso, fue considerado "subversivo". Con la presión al mango, sus resguardos le tiraron la posta: Japón o España. Eligió la España de habla cercana y plantó bandera en 1975.
Entre 1978 y 1984, vivió su "época dorada" como cantautor, coincidiendo con la explosión del género en la península. Tras un paso exitoso por Portugal, volvió a España y, con el ahorro, abrió un bar en Murcia que se transformó en un oasis para la música en vivo. Por allí desfilaron artistas que luego rompieron todo, como Melendi y Rozalén, quien cantaba ahí mensualmente mientras estudiaba.
Como buen argentino, la pasión por el fútbol le corre por las venas. Y cuando le puso ritmo a una canción dedicada a Lionel Messi, le abrió la puerta al mundo blaugrana: el presidente del FC Barcelona le encargó temas para leyendas como Xavi, Iniesta y Guardiola. Así nació el disco "Canto de Tribuna", que lo llevó a recorrer peñas culés por todo el planeta, mezclando su poesía con el fervor del hincha.
El respeto no tardó en llegar: mantiene una linda amistad con Joan Manuel Serrat, quien lo invitó a su despedida y lo llama para ofrecerle respaldo y afecto. Jorge recuerda que el maestro le dice: "¿Ves cómo no te dejas ayudar?", valorando su temple y dignidad.
Pese a su vida armada en España con su familia, su corazón late por San Juan. Tiene pendiente una obra folclórica para honrar a los indígenas Huarpe, con arreglos de Walter Sabatini, colaborador de Mercedes Sosa, sueño que espera cumplir en su tierra natal.
Ya jubilado, Jorge no se detiene: compone, sigue cantando y apuesta a proyectos ambiciosos, como la presentación con el Orfeón de Murcia y la orquesta sinfónica local en el Teatro Romea. Su vida es el relato de alguien que, aunque quisieron silenciarlo, encontró en el exilio la libertad para cantar eternamente. Y desde allá, no duerme, sueña y canta para todos los suyos.