San Juan nunca olvida: la herida que dejó aquel terremoto del "44
Más de ochenta años pasaron, pero el recuerdo de aquel temblor devastador y la solidaridad de entonces siguen grabados en el alma sanjuanina.
Cuando enero despliega su calor en San Juan, se respira también una memoria que no cede. El 15 de enero de 1944, un sábado de verano a las 20.49, la tierra se rebeló con furia, dejando una marca imborrable en la provincia. En cuestión de segundos, la ciudad quedó reducida a ruinas y más de 10.000 almas se apagaron para siempre.
El epicentro se ubicó a unos 20 kilómetros al norte de la capital, cerca de la localidad de La Laja, en Albardón. El temblor alcanzó los 7,4 grados en la escala Richter y mostró una intensidad brutal de IX en la escala Mercalli modificada. No fue cuestión solo local: Córdoba, La Rioja, Mendoza y San Luis también lo sintieron en sus huesos.
Tras el estruendo, llegó la desolación. Días de lluvia torrencial y un frío inesperado se mezclaron con el calor que trae enero, y con él, el drama más crudo: el olor penetrante de los cuerpos sepultados entre los escombros. Para contener enfermedades como la fiebre tifoidea, hubo que incinerar cadáveres en pilas improvisadas, tanto en las calles como en el cementerio.
Se destapó la fragilidad de una provincia construida sin prever el poder de la naturaleza. Barrios como la zona norte y Concepción quedaron hechos añicos, y localidades como Albardón, Angaco, Ullúm, Chimbas, San Martín y Caucete sintieron el impacto con crudeza.
Pero ante el dolor, se levantó la solidaridad más grande. El Gobierno puso manos a la obra: sacaron escombros, rescataron cuerpos, garantizaron seguridad. Hubo toque de queda y el Ejército tuvo un rol clave: desde comunicaciones hasta campamentos sanitarios y provisiones esenciales.
La ayuda no quedó en la provincia ni en el país: Mendoza extendió su mano primero, seguida por Córdoba, La Rioja, San Luis, Salta y Santa Fe. La Nación organizó una colecta histórica, y desde Chile llegó respaldo por la Cordillera.
Hoy, cuando el calendario marca el 15 de enero, San Juan recuerda. No solo aquel horror, sino también la fuerza y el corazón que permitieron renacer de las cenizas. El terremoto de 1944 es, más que una fecha, una herida abierta, una enseñanza y un latido que sigue vivo en cada sanjuanino.