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Inversiones

Cobre de oro y minas que no arrancan: ¿dónde quedó la promesa argentina?

Mientras el cobre escala a precios que rompen récords y se agita la fusión de dos colosos internacionales, los proyectos en nuestra tierra siguen paseando por la etapa de exploración y la producción efectiva se queda en la sombra.

Cobre de oro y minas que no arrancan: ¿dónde quedó la promesa argentina?

El cobre está más caliente que el sol en pleno enero y la posible fusión entre las gigantes Rio Tinto y Glencore tiene al mundo de la minería masticando bronca. Se viene la mayor minera del planeta, valuada en más de USD 200.000 millones, y el precio del metal rojo ya explota: subió un 41% en 2023 y para 2026 se espera una libra a USD 5,92, ¡una marca histórica!

La inteligencia artificial, los autos eléctricos, las energías verdes y hasta el gasto militar están clavando dientes sobre el cobre que está en caños, cables, semiconductores, baterías y municiones. Según S&P Global, para 2040 la demanda va a sobrepasar la oferta en un 25%, lo que significa unas 10 millones de toneladas menos. El experto Daniel Yergin lo pinta claro: "el cobre puede ser un facilitador del progreso o transformarse en un freno para la innovación".

Pero acá en la Argentina, la historia es otra y se la conoce bien en provincias como San Juan, donde ya bromean con los "mineros de café" porque acá la minería nueva se hace rogar. Abrir una mina es cosa de paciencia y bolsillos abultados; lleva décadas y miles de millones de dólares. Y falta aún esa señal fuerte: el contexto macroeconómico no acompaña, y el libre giro de divisas está más en el terreno de la promesa.

¿Y qué pasa con la fusión de estos titanes? Bueno, despertó pasiones por estos lares. Los tres grandes presentaron proyectos para entrar al Régimen de Inversiones Mineras (RIGI), y la Argentina se vuelve jugador estratégico. Rio Tinto dominó el litio al comprar Arcadium Lithium y quedarse con activos importantes como Olaroz y Fénix. Por su parte, Glencore mete fichas en el cobre, con proyectos en San Juan y Catamarca, que cobran aún más importancia ante este déficit mundial.

La joya nacional es la mina El Pachón en San Juan, el yacimiento de cobre más grande del país y la inversión soñada: USD 9.500 millones. Pero acá la cosa se pone en baja: la campaña de exploración para este verano apenas llega a USD 18 millones entre enero y abril.

En Mendoza la historia se repite. Kobrea Exploration, una minera canadiense de bajo perfil, arrancó con un proyecto llamado El Perdido en Malargüe, con planeadas inversiones de unos USD 20 millones. Ofrece esperanza en el sur provincial, pero por ahora sigue siendo el único movimiento palpable en la región.

También está Los Azules, otro proyecto importante sanjuanino. McEwen Copper completó el estudio de factibilidad, tiene el ambiental y el RIGI aprobados y promete una producción para 2030 cercana a 148.000 toneladas anuales. Sin embargo, la decisión final de inversión todavía no llegó y sin esa luz verde, no hay obra.

Por ahora, el único que está en acción es Martín Bronce en Jujuy, con volúmenes modestos y apenas 32 empleados en un solo turno. La gran mina Alumbrera bajó las persianas en 2018 y el resto sigue en lista de espera. Un directivo del sector lo dijo a las claras: "Tenemos cobre para alimentar la transición energética global, pero seguimos discutiendo cuándo empezar".

Mientras el planeta se alista para una explosión inminente en la demanda del metal rojo, la Argentina sigue de brazos cruzados mientras sus promesas de oro duermen el sueño de los justos. Esta demora empieza a verse como un lujo que no podemos darnos.

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