Martín Troncoso, el sanjuanino que puso el tango bien adentro del Viejo Continente
De Los Troncoso de San Juan a brillar en escenarios europeos, Martín Troncoso construyó su carrera con garra, llevando el tango y folklore argentino al mundo y defendiendo la identidad de su tierra desde cada canción.
Cuando cae la noche y en un rincón de Hamburgo o alguna milonga en Milán se escucha el bandoneón, se arma un silencio respetuoso. Aunque estén a miles de kilómetros de la Argentina, el público europeo se sumerge en el mito del tango esperando la voz. Y ahí aparece un cuyano de pura cepa: Martín Troncoso. Con su guitarra, mirada que traspasa y ese acento sanjuanino inconfundible, al cantar no sólo interpreta un tango, sino que revive un pedazo de la identidad nacional que llevó consigo hace casi dos décadas y que nunca lo abandonó.
Martín no aterrizó en Europa como una estrella más, sino como lo hacen la mayoría de los artistas latinoamericanos con sueños y una valija liviana. Su historia se enraiza en San Juan, en un hogar donde la música era el aire de todos los días.
Desde Los Troncoso hasta La Trova, Martín se formó en la raíz cuyana, acompañando a su tío durante más de diez años con propuestas que marcaron una generación de folcloristas sanjuaninos. Aunque el folclore fue su primer amor, el tango siempre estuvo latente. Su padre, Eduardo Troncoso, referente de la música cuyana, solía entrever tanguitos entre sus tonadas familiares. En esa casa, el tango era parte del aire y las sobremesas.
El 2007 fue un año bisagra: Martín viajó a Italia para tocar en el Festival Latinoamericano con Susana Castro, Daniel Peliche y su amigo Guillermo "Gokú" Illanes. Allí también conoció a Enza, su futura esposa y mamá de sus hijos. Sin redes sociales ni atajos digitales, instalándose sin contactos y sin garantías, su lucha fue genuina y a pulmón. Tras años trabajando en milongas y buscando espacios con persistencia, consiguió vivir exclusivamente de su música.
Europa le abrió la puerta que Argentina apenas le había mostrado: el tango, que allí es una bandera nacional. Esa herencia familiar se convirtió en su pasaporte artístico y de milonga en milonga, de festival en festival, fue ganando espacio. Su voz se escuchó en escenarios que ni había imaginado, desde Argelia hasta Taiwán, de la mano de embajadas argentinas que lo vieron como un verdadero embajador cultural.
Su vida es una constante entre aeropuertos. Desde Pavia, a media hora de Milán, recorre Europa junto con las orquestas Sonder Tango – argentinas en Italia – y Sexteto Cristal, una mezcla de argentinos y alemanes en Hamburgo. Alemania, Dinamarca, Francia y el norte y centro del continente son su territorio. Además, este año lo llevará a Bali, Los Ángeles y Turquía.
Uno de sus proyectos más queridos es Oltre Buenos Aires, una propuesta sinfónica que lleva el tango y folklore argentino, incluyendo canciones familiares, a escenarios mundiales, con planes para Asia y África del Norte, buscando romper esquemas en el mundo de la música clásica.
Sumando más, forma parte del Proyecto Pichuco, que planea un disco con tangos inéditos de Aníbal Troilo, y en julio se lanza un desafío nuevo con la orquesta polaca Re-Tango, fusionando tangos argentinos y polacos.
Martín Troncoso vive a la distancia, pero canta como si nunca hubiera dejado San Juan. Cada tango y cada tonada son un relato vivo de la identidad que lo formó. Y cuando alguien le pregunta de dónde viene, sonríe y responde sin vueltas: "De San Juan, Argentina. Y canto para que no se olviden."