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Historias

Zagui se queda en el tatami para enseñarnos a volver a pararnos

Fabián Zagaglia dedicó más de medio siglo a formar personas antes que campeones, dejando una marca imborrable en cada rincón donde enseñó con paciencia, amor y valores.

Zagui se queda en el tatami para enseñarnos a volver a pararnos

Fabián Zagaglia está tendido en el tatami, pero no como quien se rinde, sino como aquel que espera con calma el instante justo para levantarse otra vez. Esa fue siempre su manera de encarar la vida: con la certeza de que caer no es derrota y que levantarse también se aprende.

Nacido un 16 de febrero bajo el signo de Acuario en Mar del Plata, comenzó su recorrido en el karate en el Centro de Educación Física N° 1 de esa ciudad. Fueron más de 50 años entregados a esta disciplina que para él era mucho más que deporte: una verdadera filosofía de vida.

Como instructor de la Federación Argentina, dejó grabada en varias generaciones su frase emblemática: "Caer, caer, caer… y volver a levantarse". Pero Zagui no solo fue un sensei de karate. Fue cartero, estudiante incansable, maestro de escuela obtenido después de los 45 años y casi abogado tras dejar solo unas materias pendientes. Además, su voz se hizo eco en la radio y eventos locales, donde siempre fue una figura querida y respetada.

Cuando llegó a Valle Fértil, no traía solo su kimono y sus ganas de enseñar. Arribó con un propósito contundente: llevar el karate a pueblos y parajes como Vallecito, Las Chilcas, Chucuma y Las Sierras, donde las oportunidades parecían escasas pero él veía futuro y sueños en cada chico.

Antes de que hablar de inclusión sea moda, él ya trabajaba con jóvenes en riesgo, alejándolos de adicciones y problemas sin alzar nunca la voz sino con disciplina y respeto. En cada clase, sembró valores, bondad y sobre todo humanidad, sin prometer campeonatos, sino compromiso y esfuerzo. Y eso cumplió.

En el día de su despedida, Valle Fértil se paralizó. Las calles se llenaron de gente que quiso darle las gracias. No solo era un adiós a un maestro del karate, sino a un formador de vidas, alguien que comprendía que en la vida no se pierde, sino que se gana experiencia.

Hoy, su voz no resuena en la radio ni dirige eventos, y el tatami está vacío sin su figura en el centro. Pero no hace falta que esté físicamente presente: todo lo que tenía para enseñar lo dejó plasmado en cada acto. Porque cuando alguien deja un legado auténtico, nunca se va de verdad.

Fabián "Zagui" Zagaglia no cayó. Se quedó allí, tendido en el tatami, mirándonos con ternura y esperando que nos levantemos una vez más.

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