Las pitones liberadas en Florida: un tibio infierno para la fauna nativa
La invasión de pitones birmanas en los Everglades ya diezmó la población de mamíferos locales hasta un 90%, poniendo patas para arriba uno de los ecosistemas más emblemáticos de América y desatando una lucha sin cuartel contra estos sigilosos y voraces depredadores.
En el sur de Florida, la historia de las pitones birmanas -o Pitón bivittatus para los que gustan de lo técnico- no es cuento nuevo, pero sí es pura pesadilla ambiental. Estas serpientes, que antes eran mascotas exóticas, lograron escaparse o fueron liberadas a lo largo del tiempo y ahora están haciendo estragos en los humedales de los Everglades.
Claro que no hablamos de un problema chico: la población de mamíferos nativos sufrió caídas tremendas, con mermas del 99,3% en mapaches, un 98,9% en zarigüeyas y un susto grande también para los gatos monteses, con un bajón del 87,5%. Algunos conejos y zorros directamente desaparecieron en varias zonas. ¡Es como si la naturaleza hubiera sufrido una masacre silenciosa!
La pitón se las arregla para sobrevivir y dominar gracias a su técnica letal: acecha en silencio, embosca a su víctima y la estrangula sin anestesia. Además, su menú es amplio, abarcando 76 especies de aves, mamíferos y reptiles, lo que dificulta encontrar un equilibrio rápido en este desastre ecológico.
Y si pensás que la multiplicación de estas serpientes depende solo de más pitones liberadas, te tenés que joder: cada hembra puede poner entre 50 y 100 huevos por ciclo, y a las criaturitas les va bárbaro en estos suelos subtropicales, multiplicándose a una velocidad que da miedo.
Ahora imaginate buscar a esta fiereza para frenarla: encontrar una pitón en su hábitat es como buscar una aguja en un pajar, con chances inferiores al 1%. Se camuflan, se sumergen y se quedan inmóviles, haciendo que hasta los métodos tradicionales queden obsoletos.
Desde la telemetría hasta el uso de ADN ambiental que detecta su presencia en el agua, pasando por pruebas con robots señuelo, los científicos están detrás de ellas con todas las herramientas a mano. Pero esto es un laburo de hormiga que recién empieza.
Y para colmo, como si el daño ecológico fuera poco, empezó a crecer la tentación de consumir su carne, lo que trajo a la mesa preocupaciones de salud pública con la presencia de mercurio y la necesidad de una guía para consumidores.
Las pitones birmanas se volvieron protagonistas indeseadas de los Everglades y ya ni los más experimentados saben cómo domar esta invasión. Los expertos coinciden en que la gestión será un pulso largo para frenar su avance, cyano un llamado urgente para proteger nuestro patrimonio natural ante un desgaste que duele hasta el alma.