A 16 años de la partida de Sandro, el Gitano que casi tocó San Juan
Se cumplen 16 años de la muerte de Roberto Sánchez, más conocido como Sandro, un ícono que sigue vivo en el corazón de los argentinos. Su legado y su historia marcan a fuego la memoria popular, más allá del silencio del cementerio.
Hoy, 4 de enero, se conmemoran 16 años desde que nos dejó Roberto Sánchez, ese fenómeno del canto popular que todos apodamos Sandro. Fue un lunes a las 20.40, en el Hospital Italiano de Mendoza, donde partió a los 64 años. Mendoza fue la última frontera que cruzó en vida, y allá mismo la gente se volcó a las calles: muchos negocios del centro, justo a la hora del cierre, prendieron la radio y llenaron el aire con las baladas del Gitano. Una ovación espontánea, de corazón, que caló hondo en todos.
Roberto Sánchez Ocampo eligió ese nombre artístico porque sus padres intentaron anotarlo así en el Registro Civil, aunque hubo algo que se lo impidió. Más tarde, sumó un mote popular que bien le calza: "Sandro de América". ¿Por qué? Porque su arte transcendía, cruzaba fronteras y llegaba a millones.
Pasó a la historia con más de 52 discos originales, 8 millones de copias vendidas y clásicos eternos como Los del Fuego, Trigal, Así y Porque te amo. El Gran Rex conoció sus noches inolvidables, esas que dejaron su firma como el rey de la balada y la melodía. Sus "nenas" lo adoraban, y él se movía con un encanto y picardía únicos. Sandro fue un mito que pintó la Argentina con su voz y su pasión.
Pero no todo fue gloria: su mayor amor privado era el tabaco, y fue ese gusto el que lo fue carcomiendo. En 1997 le diagnosticaron un enfisema pulmonar que lo llevó a largas internaciones, pruebas, terapias y oxígeno para seguir adelante.
El 20 de noviembre de 2009, le realizaron un trasplante pulmonar en el Hospital Italiano de Mendoza. Su recuperación fue tan veloz que parecía un milagro. El nuevo pulmón y el corazón que latían por él pertenecían a un joven italiano de 22 años que se había suicidado, un donante que le regaló una chance más.
Los días que vinieron estuvieron marcados por control médico, la espera de sus fanáticas y el ojo atento de la prensa. Pero la batalla no terminó bien: el germen Acinetobacter baumannii complicó la historia y, tras un rechazo pulmonar inevitable, la cuenta regresiva no tuvo vuelta atrás.
El 4 de enero de 2010, ese famoso shock séptico producto de una falla multiorgánica le apagó la voz para siempre. Se fue el Gitano, sí, pero quedó su música, su fuego y su leyenda para que nunca muera.