Un recorrido por las tradiciones más insólitas para arrancar el Año Nuevo alrededor del mundo
Mientras en muchos lugares se brinda y se comen las clásicas doce uvas, en otros rincones del planeta se viven costumbres re singulares y cargadas de historia para darle la bienvenida al 1° de enero.
En gran parte de Occidente, el 1° de enero se celebra con brindis, fuegos artificiales y el ritual de las doce uvas. Pero si miramos más allá, nos encontramos con tradiciones que parecen sacadas de otro planeta: rituales que van más allá de supersticiones y representan expresiones culturales ancestrales y colectivas.
Por ejemplo, en Dinamarca existe una costumbre que puede sonar medio loca por estos lados: si en la mañana de Año Nuevo te encontrás con platos rotos en la puerta, no te enojes; al contrario, es una señal de buena suerte y popularidad. Los daneses tiran platos viejos o rotos contra las puertas de amigos y familiares como símbolo de buena vibra. Además, justo antes de la medianoche, se suben a sillas o sillones para saltar todos juntos al nuevo año, marcando literalmente el cambio de etapa.
En las regiones rumanas de Moldavia y Bucovina, la celebración se pone salvaje con el "Ursul" o baile del oso. Grupos se disfrazan con pieles de osos reales y desfilan al ritmo de tambores y flautas para espantar a los malos espíritus y darle la bienvenida a la primavera. Para ellos, el oso es un símbolo sagrado de curación y renovación.
En Filipinas, la plata es la protagonista: la prosperidad se representa con círculos, que parecen monedas. En Año Nuevo, la gente se viste con ropa llena de lunares y llena la mesa con frutas redondas, generalmente doce, una para cada mes. También guardan monedas en los bolsillos y las hacen sonar a medianoche para atraer la buena fortuna económica.
Si hablamos de ponerle pilas al año que llega, en Estonia se armó una competencia gastronómica. La gente se esfuerza por comer siete, nueve o doce veces ese día, números de buena suerte por allá. Pero ojo, no hay que limpiar todo el plato: se deja un poco para los espíritus de los ancestros que visitan la casa en la noche del 31.
El toque zen lo pone Japón, donde el Año Nuevo se vive con un ritual espiritual. En los templos budistas suenan 108 campanazos justo al empezar el año. Cada campanazo representa la purificación de deseos o pecados que atormentan al ser humano, como la ira o la envidia. Este momento se conoce como Joya no Kane y es súper especial para empezar limpiecitos.
Y en nuestra América Latina, en países como Panamá y Ecuador, la fiesta termina entre llamas: arman muñecos llamados "año viejo", figuras que representan personajes o eventos del año que se va, y los queman al toque de la medianoche. Este fuego es un acto simbólico para dejar atrás lo malo y darle paso a lo nuevo con toda la fuerza.
Así es como el mundo recibe el nuevo ciclo: entre ritos que despiertan asombro y celebraciones tradicionales, todas con la misma esperanza de arrancar con buena energía y deseos renovados. ¡Feliz Año Nuevo, vos también, desde acá hasta el fin del planeta!