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San Juan se pone la camiseta del turismo del vino con propuestas que crecen a full

En San Juan, la ruta del vino no es solo historia; bodegas de Tulúm, Ullum y Zonda abren sus puertas para enamorar a los turistas. En Calingasta, emprendedores locales se la juegan fuerte para que el enoturismo despegue cada vez más.

San Juan se pone la camiseta del turismo del vino con propuestas que crecen a full

El enoturismo en Argentina no es un simple chamuyo: es uno de los motores que impulsa la economía y las raíces culturales en provincias con tradición vitivinícola como San Juan. Con laburo genuino y pasión, esta movida genera empleo directo e indirecto, suma plata para las bodegas y fortalece la identidad regional al extenderse a 17 provincias.

La primera ruta vinera sanjuanina arrancó pisando fuerte en Pocito, con protagonistas que marcaron el camino: Viñas de Segisa, Las Marianas, Miguel Mas y Fabril Alto Verde. Hoy, aparecen grandes nombres como Graffigna, Callia, Merced del Estero y Finca Sierras Azules que se distribuyen principalmente por los valles de Tulúm, Zonda y Ullum.

Pero ojo, que la magia se extiende a Calingasta, donde emprendedores y bodegas mixturan producción con turismo de una forma que va para arriba de verdad. Ahí tiene su lugar gente valiente como 35.5, Cara Sur, Los Dragones, La Fortuna, Entre Tapias, La Baguala, Finca Sorocayo, Alta Bonanza de los Andes, Finca La Totora, Finca Pastorelli, Raíz Profunda, Bodega del Carmen y Finca Susu. En total, calcula San Juan que unas 30 bodegas mutan su espacio para disfrutar con visitantes y, algunas, hasta ofrecen alojamiento para que la experiencia resulte inolvidable.

El boom del enoturismo es innegable: en 2025, Argentina cuenta con 487 bodegas abiertas al turismo, lo que marca un crecimiento impresionante del 144% histórico y un salto del 32% respecto al año anterior. Esto no sólo atrae turistas sino que genera 872 puestos de trabajo en los departamentos que apuestan al turismo, y sorprendentemente, el 80% de ese empleo es para mujeres, mayoritariamente locales.

La combinación de producción y experiencias —como catas, eventos culturales y platos típicos— convierte al vino en algo más que una bebida: es un símbolo que atrae tanto a argentinos como a visitantes extranjeros. Mientras Mendoza es la reina con eventos como el Malbec World Day, San Juan aparece como una gran cantera de proyectos que iluminan el mapa del turismo del vino.

El enoturismo cumple un rol central no sólo en la economía, sino en fortalecer el arraigo rural y la sostenibilidad de las comunidades al incorporar nuevas actividades ligadas a las tradiciones vinícolas. Con un panorama tan enriquecido, San Juan demuestra que es mucho más que un destino: es un punto clave en la escena enoturística nacional, aportando a que Argentina brille en el escenario sudamericano.

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