La crisis que golpea fuerte a las grandes bodegas mendocinas
La retracción del consumo nacional e internacional y la suba de costos hunden en números rojos a importantes bodegas de Mendoza.
La bomba explotó cuando se supo que Norton, uno de los titanes de la vitivinicultura argentina, se tuvo que acoger al concurso preventivo. Para los que conocen el palo, esto no es un caso aislado sino la prueba palpable de una crisis bien jodida que corroe a todo el sector.
Estamos terminando el 2025 y la verdad es que hay poco para levantar la copa. Productores y dueños de bodegas luchan con uñas y dientes para no perder el fruto de años y años de esfuerzo. Los vinos argentinos, que en muchos casos llegan a codearse con los mejores del mundo, hoy están en jaque por problemas que no dan respiro.
Bodega Atamisque, ubicada en el corazón del Valle de Uco, no sale del apuro: entre mayo y agosto lanzó 517 cheques sin fondos por casi 765 millones de pesos, y aunque ya pagó parte, la deuda sigue siendo pantagruélica. De la misma forma, Staphyle, con sus vinos: Dragón de Vino, Familia Porreta, Vástago de Gea e Iris, arrastra 92 cheques rechazados que suman 45,5 millones, además de un rojo bancario de 408 millones en la mira de los bancos.
La lista sigue con Casarena Bodegas y Viñedos, en Luján de Cuyo, y Bodega Antucura, que no pueden dejar de mirar sus cheques rechazados mientras aguantan el chaparrón financiero. Y ni hablar de Bodega del Desierto en La Pampa, que tuvo que meter la tijera en el personal debido a sus más de 52 millones de pesos en cheques impagos.
Muchos ya están dejando las vides o buscando salidas en otras producciones, mientras el stock de vino acumulado parece que alcanza para ¡más de ocho meses! Algo insólito que hace pensar en un agujero sin fondo. La voz del sector sugiere que para equilibrar la balanza quizá haya que achicar a la mitad la superficie cultivada, un golpe duro para una industria que crece, como el buen vino, con paciencia y esperanza.
Así las cosas, los que apuestan al vino argentino se las rebuscan para seguir en pie, aunque la falta de plata y crédito convierte todo en una misión casi imposible.