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La misión

San Juan le da un giro copado a su viticultura: la reconversión se pone firme ante la caída del vino tradicional

Con exportaciones que giran en torno al mosto, pasas y uva fresca, y un consumo mundial de vino que viene en picada, San Juan encara un desafío clave: reconvertir variedades y viñedos para seguir siendo competitivos, mejorar la producción y asegurar el futuro del principal complejo agroexportador de la provincia.

San Juan le da un giro copado a su viticultura: la reconversión se pone firme ante la caída del vino tradicional

En San Juan, el oro líquido ya no es solo vino: el mosto, las pasas y las uvas para mesa se llevan todo el protagonismo en la escena vitícola. La provincia factura cerca de 127 millones de dólares con estas exportaciones, apuntando a nichos que desde el gobierno local ven que tienen un futuro jugoso como alimentos estrella.

El ministro Gustavo Fernández, junto a sus colaboradores Alfredo Aciar, Miguel Moreno y Alejandro Martín, dejaron en claro que el mercado del vino tradicional no es la apuesta en San Juan, después de ofrecer números que hablan con contundencia: en los últimos 25 años, el consumo interno de vino en Argentina se desplomó de 37 a menos de 15 litros por persona. Y para sumar más preocupación, el consumo global también bajó un 3,3% en 2023.

El enfoque provincial está en los vinos de nicho, esos enhinyerados en pedacitos como Pedernal, en Sarmiento, o en Calingasta, que tiene el récord de etiquetas más alto, y también la dará pelea Iglesia como productor emergente. Pero el gran juego está en potenciar la producción de mostos y pasas, donde la provincia juega fuerte y con ganas.

La clave está en reconvertir esas variedades criollas y las llamadas tintas y blancas B, como Pedro Giménez o Moscatel, que cubren unas 21.800 hectáreas. Solo para el mosto, con una capacidad para producir 55 mil toneladas, se exportaron 31 mil en 2025, y aunque pueden cubrir unas 10 mil hectáreas, las gestiones con Brasil para ampliar la entrada de mosto concentrado a granel –que actualmente solo se permite en envases de a lo sumo cinco litros– podrían abrir una puerta enorme para lanzar unas 20 mil toneladas anuales y meter ahí un jugador clave.

Pero ojo, no se trata de plantar a lo loco. La idea no es ampliar hectáreas, sino exprimir mejor cada metro con más productividad, tanto en mosto como en pasas. Quedan unas 11.800 hectáreas para pasar de variedades tradicionales a las que demandan los mercados de pasa y uva fresca, lo que pediría una reconversión profunda.

En la última temporada, San Juan produjo 166 millones de kilos de pasas y 15,7 millones de kilos de uvas frescas, cifras que, sumadas, le pisan los talones a los 201 millones de kilos destinados al mosto. El ministro ve un lindo punto para apostar, ya que el mercado internacional del pasa tiene futuro y es una ficha fuerte para la vitivinicultura local que solo necesita apretar el acelerador y reforzar estas ramas consolidadas.

El dato: unas 7.200 hectáreas ya están destinadas a pasas y otras 4.500 son polifuncionales, perfectas para pasas o consumo fresco. La movida es transformar la planta, inyectarles vida a viñedos que hoy no andan por el bajo costo de la uva para vinos o por poca demanda, con injertos que permitan variar el varietal sin ganarle territorio a la tierra provincial.

Pero este cambio no sale barato: la inversión necesaria pasaría los 190 millones de dólares. El ministro se encargó de aclarar que no será cuestión de un día para otro, sino un proceso con su tiempo. Según comentaron, el injerto de cada planta ronda el dólar, un dato para dimensionar el desafío que tiene entre manos San Juan para sostener su bicoca agroexportadora en estos tiempos de cambio y tendencia.

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